25/05/2012. La cumbre y el regreso a Campo 4.

(En letra verde la mirada de Fer. En letra negra la mirada del Pampa).

Hace unos días en este mismo blog …

¿Y después? ¿Y si termino por jorobar el ojo derecho? ¿Cómo bajo? Uno de los coreanos que yacía tirado al lado de nuestro camino aparentemente había muerto porque no pudo regresar a Campo 4 a causa de una ceguera, tal vez similar a la mía…

Bueno, pero capaz que…

Continúa…

¿Qué? Nada.

Soy totalmente consciente de lo que ocurre. Y de lo que debo hacer.

-Tendi!, grito, para vencer el sonido del viento, mientras le hago señas de que no sigo. Lo llama por radio a Guillermo, que está unos metros adelante. Cuando llega le digo “Veo todo blanco con un ojo, y borroso con el otro”. Me quita nuevamente las antiparras y dice “Más el izquierdo que el derecho?”. Sí!. “Tenés la córnea congelada, y el derecho está en eso. No es grave pero tenés que bajar ya.

Pablo estaba detrás de mí, observando, y dice “Sí, tenés los ojos raros”.

De inmediato dimos la vuelta, Tendi, Phurba y yo. Desandamos la travesía hasta la Cumbre Sur y comenzamos a subir ese cono puntiagudo y nevado. Tendi me precede. Voy vinculado a él con una cuerda a modo de seguro para que yo no tenga que cliparme a la cuerda fija. Phurba, detrás.

Toda mi atención está puesta en los pies para pisar firme y no caer. A partir del momento en que me di cuenta de esta ceguera momentánea y avisé, mi mente se adecuo mecánicamente a la nueva situación sin necesidad ni tiempo de lamentos, bronca o emoción alguna. Así como hasta este momento estuve “programado” para ir a la cumbre sin dudar ni temer una sola vez, desde aquí en adelante el nuevo objetivo es llegar lo antes posible y por mis propios medios a Campo 4. Me quedaban varias horas, importantes pendientes y un terreno mixto de roca y hielo por delante.

Lo sé. Cuento con Tendi, en quien confío 100% y Phurba, casi un desconocido para mí. El viento helado sigue colándose por mis antiparras y causando el mismo efecto sobre mis ojos. Está claro que hasta llegar a Campo 4 y meterme en la carpa mi vista no va a mejorar; así que debo apurar el retorno lo más posible.

 

Cumbre pricipal y escalon hillary desde cumbre sur

Cumbre principal y Escalón Hillary desde Cumbre Sur (lugar de donde vuelve Fer)

Ya había quedado atrás la tensión de esperar en campo 4 a que el viento afloje; ya habían quedado atrás los momentos de nervios al ajustar cada detalle, comenzar a caminar y abandonar la “seguridad” y el “confort” del campamento.  Habíamos superado de algún modo el impacto de pasar caminando al lado de 5 cuerpos congelados.  La noche larguísima de marcha también ya era parte del pasado y la luz, aunque el sol aún no calentara del todo, siempre hace que uno vea cada detalle de una jornada dura con una mirada más optimista.

En todas esas horas de marcha mi mente funcionó de la manera más eficiente y positiva que recuerde en mi vida. Sólo cuando escuché a Willie decirle a Fer apenas arrancando “A este ritmo no llegas, seguimos hasta el balcón y si no vas más rápido te volvés” me quedé enganchado más rato del que hubiera querido en la preocupación de que alguno de los dos tuviera que volver demasiado pronto.  Pero también eso ya era pasado.

LA CUMBRE SUR YA ESTABA A NUESTRAS ESPALDAS Y DESDE AHI VI POR PRIMERA VEZ LA CIMA DEL MUNDO, LO QUE TANTAS VECES ME HABIA ENCANTADO AL VER LAS FOTOS!!!

Mirando la cumbre principal me vinieron a la cabeza otras montañas en las que me quedé muy cerca de llegar, me vino a la mente el Aconcagua y mi regreso anticipado el día del ataque final.  Aunque me preguntara y me pregunte ahora “¿Qué carajo tiene que hacer este pensamiento acá?” esa imagen se hizo presente y me la sacudí como quien espanta una mosca!

Maquinalmente empecé a repetir como un mantra: “Estás ahí Hernán, la estás viendo, esta no se te escapa” y era como si repetir una y otra vez eso me blindara mi cabeza de ocurrencias negativas y a la vez hacía que el cansancio y agotamiento que era ya tremendo, se convirtiera en algo irrelevante al sucederse uno tras otro el “ Estás ahí Hernán, la estás viendo, esta no se te escapa“.

Apenitas abajo de la cumbre sur paramos por un poco de té y aproveché a comer el gel (con glucosa) que me quedaba de los dos que había cargado para salir a la cumbre (el anterior lo había usado en “El Balcón” muchas horas antes).  Consulté con Tendi como estaba de oxígeno y me dijo que había suficiente para seguir con ese tubo.  Le pregunté a Fer como estaba y no fue muy efusivo en su respuesta.  Estábamos altísimo y muy cansados.  “Tampoco voy a esperar que me responda con bombos y platillos en estos momentos” pensé, aunque no es común verlo a Fer poco expresivo.

Volví a andar unos pasos detrás de Willie asumiendo que atrás nos seguían Tendi, Fer Grajales, Pablo y Fernando.  Recorrimos una pequeña travesía bastante expuesta hasta frenar en un lugar que permitía estar detenidos y seguros.  Estábamos a un paso del Escalón Hillary y mucha gente se veía bajando.  Willie decidió parar en ese lugar bastante amplio que nos ofrecía la posibilidad de estar “cómodos” hasta que ese tradicional “Cuello de botella” en la ruta se desocupara de gente.

Estábamos con Fernandito G., Funuru, Phurba y Willie cuando llegó Pablo y dijo “Fer está medio jodido, no sé si puede seguir“.  Willie cambió unas palabras por radio con Tendi que estaba apenas unos metros más abajo y volvió hacia el lugar donde acabábamos de estar parados (Lo omití antes pero no era un detalle menor: Debajo de la Cumbre Sur donde habíamos parado a descansar asomaba de una gran cresta de nieve una pierna del cuerpo de otro escalador que había fallecido 5 días antes, el sexto cuerpo que cruzábamos).  Decía que Willie bajó a ver qué pasaba con Fernando mientras nosotros esperábamos en el mismo lugar a la expectativa de lo que ocurría a pocos metros, aunque fuera del alcance de nuestros ojos.  Una pequeña curva que hace la ruta nos impedía ver.

Fer se baja, tiene congelada la cornea” dijo Willie al volver.  Los miró a Funuru y Phurba y agregó “Tiene que ir uno más a ayudarlo a Tendi, decidan ustedes quien baja“.  Los dos sherpas se miraban y no hablaban.  En medio del silencio solo dejaron de mirarse para dirigir la vista hacia la cumbre.  Estaba claro que la cercanía a la cima, el hecho de casi estar ahí y tener que regresar sin pisarla era lo que pasaba por ambas cabezas.  Se seguían mirando sin decirse palabra y Fer Grajales que entendió lo mismo que todos le dijo a Willie:  “Guille ¿y si los dejas ir a la cumbre y que bajen rápido para alcanzar a Tendi y Fernando?“.  Willie ni siquiera lo consideró (o tal vez ya lo había considerado antes y tenía la decisión tomada), “No, uno baja ahora“.

Y en ese momento, sin que mediara palabra Phurba empezó a bajar para encontrarse con Tendi y Fer.  Insisto en que no cambiaron ni una sola palabra los dos sherpas porque fue un momento de esos duros,  donde hay que decidir y los involucrados se juegan muchas cosas.  Uno de esos instantes que con el tiempo uno preserva con lujo de detalles en la memoria.  Para los sherpas es algo realmente importante tener la posibilidad de estar en el grupo de cumbre y cada cima les suma prestigio y de la mano de eso mejores posibilidades laborales en próximas temporadas.

Hoy pienso que en medio de esas miradas silenciosas Funuru fue el que siguió hacia la cumbre porque no había estado nunca en la cima, cuando Phurba sí. Lo supongo aunque nunca se los pregunté y sería interesante poder confirmar con ellos el por qué de esa decisión.

Yo nunca vi ni hablé con Fer en esos momentos de decisión porque estaba unos metros más arriba.  Cuando Phurba salió hacia abajo, otra vez a cargarle información de urgencia a mi cerebro.  Mi hermano ya no estaba conmigo y faltaba tan poco!  Necesitaba reprogramarme urgente:

Fer tiene un problema pero ya está bajando“.

No hay uno sino dos sherpas para dar una mano si algo se complica“.

Tendi y Phurba son súper fuertes“.

Ni bien empiece a descender el ojo se le va a poner mejor“.

De todo esto que metí urgente en el “chip” puedo decir que a excepción de lo último, todas las otras eran verdades incuestionables. Sobre la mejoría del ojo no podía ni saberlo ni hacer nada al respecto por lo que decidí pensar la opción positiva. Hacer lo contrario me hubiera complicado en esta situación en la que iba tan al límite. Físico y mental.

En la última travesía hacia la cima, la nieve y el hielo forman como labios que se asoman al Tíbet.  Antes de superar el Escalón Hillary por algún motivo me imaginé que era una sola de esas salientes o labios y que esa era justamente la cumbre.  No era así. Fueron varias de esas formaciones que dejamos atrás y por momentos creí que serían infinitas.

Willie empujaba cada vez más con su ritmo y al estar vinculados por nuestros mosquetones de seguridad me obligaba a empujar hacia la cumbre a la par.  Lo sostuve por un buen rato sabiendo que era la manera de llegar, de no demorar más el momento tan ansiado, hasta que ya no pude más mantener lo que para mí era como estar trotando a 8800 metros. Y estar trotando luego de marchar en estado de tensión durante las pasadas 12 horas.

Willie, bancá un toque.  Me estalla el pecho!“.  Me miró y creo recordar que le causó gracia mi expresión porque en mi memoria quedó un rostro que sonreía. Un rostro que decía que se podía parar un toquecito para recuperarme, que no era grave, porque al fin y al cabo ya estábamos ahí.

Ultima travesia a la cumbre

Última travesíaa a la cumbre

Y así era.  Ni bien retomamos la marcha pude ver que el blanco del hielo que hacía rato era lo único que veíamos, rompía su monotonía por primera vez con un montón de telas amarillas, azules, rojas, verdes……..LA CUMBRE!  En ese solo segundo pensé “Ahí vienen, ahí vienen…. las lágrimas” y ni una gotita salió!  En esa espera del llanto que jamás iba a llegar, lo que sí vino fue una sensación de sacarme de encima un enorme peso.  Como si en un instante hubiera pasado un rayo por mi cabeza. Sólo un instante en que dije “Viste que sí podías, cabezón.  Y casi que te crees eso de que no podías cuando no lograste cumplir con llegar al campo 1.  Y Casi que te crees que no podías cuando no pudiste llegar al campo 3, cuántas veces estas semanas casi te crees que no podías?  Menos mal que no  lo creíste!  Acá estás!

Sólo un segundo, en que me sacudí todo ese peso que sentía en mis hombros, y a continuación cumplir con los protocolos como si fuera sólo eso, procedimientos que se cumplen paso a paso sin apartarse un centímetro de lo establecido.  Se empieza a bajar sin perder un segundo! Abrazos. Saludos.  Un par de autofotos estirando el brazo porque no había que perder un instante, y a bajar.

Solo me aparté de ese protocolo como a la fuerza “Che! Esto no se va a repetir, ponele un poco de onda a la cosa“.  En ese momento y de alguna manera obligándome a parar a pensar y dimensionar el logro dije “Loco! en este momento, en este instante, en todo el mundo no hay nadie más que vos y tus 5 compañeros de expedición más alto en todo el planeta Tierra“. Sólo eso, me impuse tomar conciencia de ese segundo único, mágico. Y el protocolo volvió a tomar el control de todo.  Hay que bajar rápido, hay que bajar sin relajarse, toda la zona del Escalón Hillary es un lugar donde nadie quiere tropezarse, pisar mal o caerse y lo que venía más abajo si bien era menos complejo técnicamente también requería que el nivel de atención no disminuyera ni un poquito.  Era indispensable seguir enfocado en cada paso durante las siguientes 5 ó 6 horas.

Hernán en la cumbre, el Makalu al fondo

Hernán en la cumbre, el Makalu al fondo

El grupo en la cumbre

El grupo en la cumbre

Antes decía que no hubo ni una lágrima y hoy pienso que seguramente hubiera llorado a baldes si ahí hubiera estado el flaco! La profunda e incomparable alegría que sentí en la cumbre no trajo lágrimas aun cuando mi felicidad era insuperable.  Siento que algo en apariencia más simple, más sencillo, como la complicidad con Fernando, un guiño o un abrazo hubiera hecho que llore un lindo rato.

Ahí estaba Willie. Estaban Pablo y Fer que habían sido dos leones como compañeros míos durante 2 meses, estaban dos de los sherpas de nuestro equipo, pero si hubiera estado Fer, en ese abrazo hubieran confluido 10 meses de trabajo haciendo cosas que nunca jamás habíamos hecho.  Hubiéramos estado sabiendo cuánto le había costado a cada uno el laburo de todos estos meses de sueño. Cada día, agotados en la barda en que nos desafiábamos a dar más en medio de alguna cuesta empinada.  Llegando casi sin resto al final de una pasada un: “Dale bro! Hacé de cuenta que estamos en el Collado Sur!” o mientras pedaleábamos una y otra vez hacia arriba la misma cuesta y al cruzarnos, uno para arriba y otro de bajada, volaba un grito “Cumbre Surrrrr!!!” o “Escalón Hillaryyyyyy“, aún cuando para eso faltaran meses y estuviéramos sólo entrenando en Neuquén.

Por todo esto, por tantas cosas más, porque me cuesta pensarme en esa cumbre de no haber formado el equipo que formamos con Fernando, no sólo siento que hubiera llorado con su abrazo sino que también veo con claridad que al seguir sin Fer simplemente tomé la posta y recorrí por los dos los metros que nos faltaban hasta el “Techo del Mundo”.

Apenas hicimos unos pasos hacia abajo, dejamos atrás a Fer Grajales y Pablo Betancourt que luchaban con equipos de video que se congelaban uno tras otro intentando filmar mientras pintaban la última patita de la letra “E” de la bandera de Facundo “Donar sangre salva vidas”.

Willie se detuvo y metió un puñadito de piedras en el bolsillo y verlo me impulsó a hacer lo mismo. Metí también en un pequeño recipiente todo lo que pude apretar de nieve, le puse la tapa y lo guardé en el bolsillo.  Seguimos la bajada que sería muy larga.

Venía muy cansado, a pesar de ir ya en bajada. Se lo adjudicaba a tantos escalones y pasos complicados que exigen al físico esfuerzos más explosivos (y se suceden casi todo el tiempo entre la cima principal y la Sur).  A cada ratito paraba a recuperar el aliento. “Se te acabó el oxigeno” dijo Willie en una de esas paradas y me pasó su tubo para seguir avanzando, él sin la máscara hasta que Funuru Sherpa le pasó otro tubo llegando a la Cumbre Sur.

Luego, el larguísimo filo que a la subida habíamos transitado en medio de la oscuridad, ahora con luz para apreciarlo aunque en ese punto de cansancio, en una jornada tan dura, pareciera que lo único que se puede disfrutar es llegar al campamento… y faltaba tanto!

Cuando veíamos ya el “El Balcón”, Willie se detuvo a colocar un par de tornillos en la roca y Fer Grajales lo ayudó al llegar.  Estábamos arriba de los 8000 metros y los dos mejoraban anclajes que seguramente serían usados recién en 2013 al instalar cuerdas para esa temporada.

Usando un taladro colocaron 2 tornillos (se llaman “parabolt”) y lo que era un rapell comprometido debido a malos seguros en la roca pasó a ser algo confiable.  Los primeros bajaron, usando la placa para rapellar, con las cuerdas que seguían en los viejos anclajes y en algún momento cambiaron las cuerdas a los nuevos tornillos.  Supongo que en esa maniobra se cruzaron las cuerdas de algún modo que yo no vi.  Comencé a bajar y lo hice hasta la mitad de la pared, hasta que mi cuerda se quedó cruzada con la otra. Llegó un punto en que ya no podía seguir descendiendo por ese enredo. Intenté recoger la cuerda que me bloqueaba desde abajo pero estaba trabada o no tuve fuerza suficiente.  A esa altura, con el cansancio que tenía, la respiración agitada que no me permitía pensar, me propuse resolver la situación con la mayor calma posible aunque mi primera reacción fue un “Estoy en el horno!!“.  Recibir asistencia de alguno de los sherpas o del guía implicaría hacerlos volver a subir que tuvieran que hacerlo por la otra cuerda.  La solución era cambiarme desde la cuerda donde estaba vinculado hacia la otra, que justamente me estaba trabando el descenso.  No tenía que ser complicado, había hecho esa maniobra antes en muchas prácticas. “Pensá en lo que aprendiste en los cursos“. “Lo hiciste en los cañadones de El Chocón“, me decía a mí mismo.

Necesitaba hacerlo calmado. Saqué el Jumar (freno) que tenía en el arnés y lo coloqué en la cuerda, duplicando la seguridad (ahora estaba vinculado entre mi arnés y la cuerda por la placa de descenso que venía usando y por el Jumar que agregaba).

Me saqué los mitones y los puse dentro del mono de pluma (nada debía caerse) para poder quitar la placa de la cuerda que requiere bastante precisión y sensibilidad en los dedos. Tenía presente que las dos cosas que no se me debían escapar eran: No dejar de estar asegurado nunca con alguno de los dos elementos a alguna de las dos cuerdas y no se me debía caer la placa mientras la retiraba de una cuerda para armar el rapell en la otra.

Lo hice!  Me felicité en voz baja y recorrí la otra mitad del rapell en la nueva cuerda. Seguí camino para reunirme otra vez con mis compañeros, y con Migna que aguardaba en la base de la pared expectante. Quizá todo eso fueron sólo unos instantes a los que les doy excesiva relevancia, pero reflexioné mucho sobre el asunto porque requirió mucha calma en el momento que sentía que la cosa se me ponía negra y porque me puse a pensar lo duro que debe ser descender exhausto en rutas y montañas técnicamente más complicadas o bien hacer estas maniobras cuando la noche o el mal clima alcanza a los montañeros que vienen en plena retirada de la cumbre.

Desde el Campo4 a la cumbre

Desde el Campo4 a la cumbre

En mi recuerdo del último tramo quedan una sed muy pero muy intensa y en cada pequeño descanso pedía agua a quien fuera que me cruzara con desesperación.  Recuerdo haber chupado el hielo que se formaba en mi mono de pluma (en el pecho) producto de las exhalaciones al respirar. Recuerdo que Fer Grajales me pasó algo de jugo en el Balcón. Recuerdo haber tomado algo de té que me pasó uno de los sherpas.  El Campo 4, en el Collado Sur, ya se veía pero a veces cuánto peor es ver el destino!  Sentía que caminaba y caminaba pero me parecía no acortar distancias.  En la zona rocosa estaba al final del grupo, junto a Willie. Tropecé un par de veces. Usaba ese ratito cuando iba a parar al suelo de la misma manera que los boxeadores cuando van a la lona y aguardan hasta que el árbitro cuenta hasta 9 para usar cada segundo en descansar y reponerse.

En este tramo volvimos a ver cada uno de los cuerpos congelados que habíamos pasado a nuestro lado en el ascenso nocturno, excepto el que se encontraba en la cuerda y que debimos rodear.  Este ya había sido retirado.  Al final del terreno con mucha pendiente nos esperaba Damián con algo de agua y un par de caramelos.

El resto del descenso fue costoso y rápido, dadas las circunstancias.

Faltando media hora nos alcanzaron algunos de los chicos que hicieron cumbre. Entre ellos Pablo, que me hizo el aguante un buen trecho, permitiéndome apoyar mi mano derecha sobre su hombro. No descargaba ningún peso sobre él, era más bien un apoyo moral, anímico. Sentir que iba al lado de un amigo me daba fuerza. Llegamos al fin!

Pablo me dio una mano para quitarme las botas, controló el nivel de oxígeno del tubo y se fue a su carpa, mientras yo entraba en la mía. Me metí en la bolsa de dormir, cansado pero atento al más mínimo indicio de la llegada de Hernán, que suponía inminente.

 

Seguimos recorriendo los metros restantes hasta las carpas mientras consumía mis últimas gotas de energía. Ayudado por Tengba (quien había aguardado en el Campamento durante todo el día) me saqué los grampones, el arnés y mientras iba a mi carpa casi por inercia, al encuentro de Fer, saludé a Pablo Betancourt que se asomaba por la puerta de su carpa.  Recibí de él en ese momento la primera felicitación, el primer indicio de que me había enfrentado a algo muy duro y que lo había logrado.  Le dediqué un gesto triunfal muy pretencioso, como queriendo demostrar un mejor estado general que el real.

Hernán Llegando a campo 4

Hernán Llegando a campo 4

Qué lindo volver a ver caras conocidas, era como regresar a los códigos de esta expedición tan larga. Era como haber viajado a otro planeta donde nada era igual a los 55 días anteriores, otro idioma, otra atmósfera y estar volviendo ahora a la Tierra. Fue lindo saber que ya no debía caminar más por este día tan pero tan demandante. El día más duro de mi vida en la montaña. Pero lo más lindo de todo fue sentir el cierre de la carpa y verlo a Fernando asomándose para felicitarme.

 Reencuentro Hernán y Fer

Reencuentro Hernán y Fer al llegar. Antes del Abrazo!!!

No podía ser de otra manera, no iba a ser de otra manera! Él estaba más feliz que yo por mi cumbre, que era nuestra, y también, con lo último de energía que le quedaba, me dio el abrazo más fuerte de los miles que me ha dado en tantas montañas. Volvíamos a estar juntos. Volveríamos a compartir la carpa en la noche más alta de nuestras vidas. Estábamos Agotados! Pero juntos, seguros y felices.

 

 

 

El vuelo a Luckla (06/4/2012)

Pipipipi… pipipipi…El despertador sonó a las 3:30am.

Hoy es el gran día! En realidad, un nuevo gran día porque hasta ahora todos han sido magníficos. Lo que hace que hoy sea diferente es que comenzamos la primera etapa del ascenso a Everest: el trekking de 10 días aprox. hasta el Campo Base.

Pero antes hay que volar a Lukla, por eso nos levantamos tan temprano.

El aeropuerto de Lukla está considerado uno de los cinco más peligrosos del mundo. Hemos visto fotos y videos de esa curiosa pista de aterrizaje de tan solo 250 metros de largo, encajada entre montañas y con una increíble pendiente que colabora para que el avión se detenga… probablemente.

Cuando a las 4:30am Willie y Georgie nos pasaron a buscar por el hotel, ya estábamos listos. Habíamos dejado en la puerta principal el bolso con la ropa y otros elementos necesarios para el trekking, guardado en depósito lo que se quedaba en Katmandú y desayunado un jugo con frutas, medialunas y muffins que gentilmente nos habían dejado preparado.

La clave estaba en el clima. Los días previos las condiciones no fueron favorables y muchos de los que debían viajar a Lukla no pudieron hacerlo, por lo que había acumulación de pasajeros y equipaje con gran ansiedad por llegar al punto donde miles de personas de todo el mundo cada año comienzan el ascenso a varias montañas de esta región de Himalaya.

A pesar de que anocheció diluviando, a las 5am estaba totalmente despejado, lo que significaba grandes chances de volar. Cargamos todo en la combi y partimos hacia el aeropuerto: Willie, Georgie, Pablo, Facundo, Hernán y yo.

Al llegar nos reunimos con el resto de los miembros de la expedición: Fernando Grajales, Tomás Ceppi, Luciano Badino, Damián y Tendi –jefe de los sherpas que trabajan para los Benegas-, y comenzó un espectáculo que Willie nos había anticipado… Había que bajar más de dos mil kilos de equipo y provisiones de los vehículos, introducirlos en el scanner del aeropuerto y despacharlos en la empresa aérea antes que las demás expediciones, para lograr abordar los primeros vuelos.

Entre empujones, tironeos, trabajo en equipo y algo de tensión conseguimos subirnos al bus que nos llevó hasta la avioneta. Fue clave la experiencia de Willie y Damián. En estos detalles y secretos se ve que la tienen muy clara, no sólo en las cuestiones técnicas de escalada sino también en toda la logística necesaria.

Los aviones que recorren la ruta Katmandú-Lukla –unos 10 vuelos diarios- son pequeños, a hélice, con capacidad para 14 pasajeros aproximadamente, ubicados en dos filas de asientos, con un pasillo en el medio.

Abordamos, lo que significó otra señal de que posiblemente pudiéramos arribar a nuestro próximo destino. Aún restaba ver si en Lukla las condiciones climáticas y de visibilidad permitían el aterrizaje.

Como dijo Willie cuando hicimos unas prácticas en Tronador, Bariloche, los más de dos meses que dura la expedición se componen de múltiples cumbres, no sólo la de Everest propiamente dicha. Llegar a Katmandú con todo el equipaje despachado en origen, por ejemplo, fue la primera cumbre. Ahora, haber conseguido tomar este vuelo también puede considerarse una cima.

Esta visión ayuda muchísimo a mantener la ansiedad bajo control ya que si sólo se piensa en poner el pie en el techo del mundo, dentro de 50 días, la espera se hace interminable y no se disfrutan plenamente los logros intermedios. Además, es importantísimo mantener el ánimo lo más alto posible y para eso resulta sumamente eficaz celebrar cada paso.

Despegamos! Qué emoción! Tomamos altura y vemos con claridad el valle de Katmandú, tanto por las ventanillas laterales como por las delanteras, ya que la cabina de los pilotos no está aislada del resto del fuselaje. Ver los comandos y las manos de los pilotos en acción le agrega un condimento espectacular al coctail de sensaciones que nos invaden.

Todo transcurre de acuerdo a lo esperado y no dejamos ni un momento de tomar fotos entre nosotros y hacia afuera, aunque las imágenes del exterior no se registran con claridad porque las ventanillas están empañadas, algo sucias también. Por momentos cruzamos miradas y la alegría que se refleja en nuestros rostros es indescriptible. Para la mayoría esto es un sueño hecho realidad, de a poquito, en pequeñas dosis, como cuando uno sueña algo muy lindo y al ir despertando, lentamente se va dando cuenta que esa fantasía en verdad está ocurriendo. Felicidad total!

Al cabo de 35 minutos, ya en la zona donde esperamos llegar, algunos movimientos de la nave ponen en alerta a Willie, Damián y Fernando Grajales. El primer indicio de que algo extraño sucedía fue que entramos en una nube, a baja altura, lo cual según Fernando G. es algo que nunca debe suceder; una regla de oro de la seguridad aérea. “Esto no me gusta nada”, dijo.

Esa frase en boca de otro no hubiera sido otra cosa que una expresión de temor, pero pronunciada por Fernando G., gran conocedor del tema, debía ser tomado con seriedad.

El comienzo de un viraje hace que Damián diga “Nos estamos volviendo a Katmandú, la pista está allí –señalando en dirección a donde debía estar- pero totalmente cubierta de nubes.”

Nos envolvió cierta sensación de frustración por no poder alcanzar lo que esperábamos, aunque enseguida fue mitigada por la tranquilidad de saber que se trataba de una decisión prudente.

Error. Una nueva maniobra y otra vez dentro de la nube, a pocos metros del suelo, en un valle profundo, flanqueado por montañas altísimas -esto es Himalaya!- hace que Fernando G. vuelva a expresar su preocupación y opine “está buscando un hueco para encontrar la pista”. Mientras tanto, la avioneta viraba hacia uno y otro lado, y los pilotos se hablaban entre sí, mirando con agudeza el panorama frente a ellos.

Mientras tanto, era imposible evitar que vinieran a nuestras mentes las crónicas sobre la cantidad de estos avioncitos que se accidentaron aquí y el quinto lugar en el ranking de aeropuertos más peligrosos del mundo.

De pronto, por un pequeño espacio entre dos nubes se pudo ver la pista, muy cerca, lo que hizo que la nave tuviera que descender y acomodar su rumbo rápidamente. Todo ocurrió en cuestión de segundos: el avión ingresó algo cruzado y cuando el tren de aterrizaje tocó la pista –mojada por las lluvias que acababan de cesar- no logró afirmarse adecuadamente provocando que resbalara unos metros hacia el lado derecho…

Un par de movimientos bruscos, el ruido de los motores intentando detener la nave, la pared de roca al final de los apenas 250 metros de la pista que veíamos por el parabrisas delantero… Finalmente el piloto controló la situación y nos detuvimos.

“Casi lo pierde” fue la frase de Willie en ese mismo instante, aludiendo al piloto y el avión. Y continuó “Fue el peor aterrizaje que me tocó vivir aquí”, lo que es mucho decir para alguien que desde 1999 guía en Everest y realiza este vuelo cada año.

Luego compartiríamos con Hernán la frase que suele repetir nuestro amigo Adrián Ariino: “La tranquilidad del ignorante”. Porque si bien transitamos la situación con algo de tensión, no logramos ser absolutamente conscientes del peligro por el que pasamos hasta que Willie, Damián y Fernando G. nos explicaron lo ocurrido sobre la base de su experiencia y conocimientos. Gracias a Dios estamos a salvo.

Nos tomamos un rato para hacer fotos y filmaciones de los aterrizajes que ocurren cada 15 minutos aproximadamente; estos avioncitos van y vienen todo el día cubriendo esta ruta tan cotizada por escaladores de todo el mundo.

Más tarde, con una alegría inmensa, comenzamos el trekking tan esperado! 56Km y casi 3000 metros de desnivel nos separan del Campo Base… Allá vamos!!!

 

Katmandú!!!

Nepal casi nunca se ve desde el aire al llegar a causa del Smog y para nosotros no hubo excepción. Luego de aterrizar una larga cola nos hizo la gestión de la visa mas larga de lo deseado. Cuando por fin salimos del aeropuerto nos esperaban Willie y Georgina junto al chofer de la camioneta y camino al hotel empezamos a vivir “el tráfico por katmandú”. Se maneja por la mano izquierda cosa que ya es bastante desconcertante para nosotros. En muchos barrios no existen las veredas o sea que en el mismo terreno convivimos peatones, motos, taxi-bicis, autos, camionetas y hasta en algunos casos colectivos.

En nuestro hotel, en el pintoresco barrio Tamel, acomodamos los bolsos y fuimos a comer algo para no perder el ritmo que traemos desde el vuelo de Qatar. En el camino empieza a llamarnos la atención el “ordenado” desorden con el que todo ocurre. Pienso en Neuquén y que uno puede ver un choque cada 10 minutos y no logro entender como manijas de freno de motos, rodillas de cristianos (o budistas o hindues), paragolpes de autos y ruedas de bicicletas pasan a milímetros unos de otros sin un solo “toquecito”.

Por la noche comimos “asado argentino” que no tenia mucho ni de asado ni de argentino pero sirvio para juntarnos alrededor de algo de carne con ensalada nosotros dos, Georgie, Damian y Willie para ir teniendo las primeras charlas sobre la expedición. Llegamos a la noche con mucho esfuerzo sin dormirnos siguiendo las recomendaciones que traíamos para superar rápido el efecto del cambio horario. Lo proximo que nos proponiamos era dormir hasta la mañana, pero a partir de las 3am en la oscuridad de la habitacion ya se sentian respiraciones de humanos despiertos. A las 4am dialogos cortos. A las 5 am chistes y carcajadas. No conseguimos el objetivo así que para matar la ansiedad empezamos a dividir el equipo que llevaremos durante el trekking y el que no veremos por dos semanas ya que viajará antes que nosotros a Luckla para estar pronto en el campo base.

Video: en las calles de Katmandú 

 

Los guantes que vamos a usar en la Expedición

Primera etapa: trekking hasta el Campo Base (5.400 msnm).

Guantes “primera piel” finos y sintéticos (tambien se los llama “liner”), y en caso de tratarse de un día muy frío, también guantes de windstopper (una tela del tipo paño de polar pero con una membrana que impide por completo el paso del viento).

  

Segunda etapa: período de aclimatación.

a) Desde Campo Base hasta Campo 1 (6.100 msnm).

Este tramo incluye la “Cascada de hielo”, una lengua glaciaria que se atraviesa con el auxilio de cuerdas, lo que produce un gran desgaste en los guantes.

Por eso, una excelente solución “criolla” que encontraron Willie y Damián –los guías- es la utilización de guantes muy similares a los de construcción, ásperos y más resistentes a la abrasión que los de montaña que están confeccionados con materiales más delicados.

Debajo de ellos igualmente van los finitos, primera piel.

b) Desde Campo 1 hasta Campo 3 (7.300 msnm).

A partir de aquí se abren opciones, de acuerdo al clima. Los distintos tipos de guantes que podemos llegar a usar son los siguientes:

:: Primera piel.

:: Winstopper.

:: Guantes tipo ski, con membrana impermeable/respirable de GoreTex.

Etapa final: desde Campo 3 a la cumbre (8.848 msnm).

En este tramo podemos llegar a utilizar hasta tres capas simultáneamente: primera piel, mitones de pluma de duvet y cubre mitones de GoreTex.

También tendremos disponibles los de ski y los de winstopper.

Todo dependerá de las condiciones climáticas y de lo que esté habituado a utilizar cada uno.

  

Everest 2012. Yo voy!

El calzado que vamos a usar en toda la expedición.

Viajes y ciudades. Utilizaremos zapatillas, del mismo tipo que usamos para entrenar

       

Primera etapa: trekking hasta el Campo Base (5.400 msnm).
Hernán: botas Boreal, modelo Bulnes, con membrana respirable. Fer: botas Salomon, modelo Revo SCS GTX, con membrana impermeable/respirable de GoreTex. Eventualmente, dependiendo de la temperatura, humedad y lo escarpado del tramo, también podemos intercalar las zapatillas.

   

Segunda etapa: período de aclimatación.

a) Desde Campo Base hasta Campo 2 (6.900 msnm). Hernán: botas plásticas (dobles) Asolo, modelo Ottomila. Fer: botas plásticas (dobles) Asolo, modelo Evoluzione. Se les suele llamar “botas dobles” porque tienen un interior de abrigo extraíble, comúnmente llamado escarpín, y capa exterior plástica. Son similares a las botas de ski, pero con mayor movilidad (levemente) en los tobillos.

  

b) Desde Campo Base hasta Campo 3 (7.300 msnm).
Ambos utilizaremos botas triples Lasportiva, modelo Olympus Mons. Es un calzado diseñado especialmente para alturas superiores a los 8000 msnm, con una tecnología increíble. A pesar de su gran volumen, son muy livianas. Cuentan con tres capas: un escarpín interior extraíble de abrigo con Thinsulate, una bota plástica con un relleno de polietileno de doble densidad y forrado con una capa de aluminio termo reflectante. A la vez la suela tiene una capa en fibra de carbono de 5 mm aislante, más una aislación en Poliester y aluminio, y una membrana exterior (polaina) de Cordura® elástica y transpirable en una parte y tejido 100% Kevlar® anti-perforaciones con una película en poliuretano protectora de los rayos UV

Etapa final: ataque a la cumbre (8.848 msnm).
Emplearemos el mismo calzado que en el tramo descripto recientemente.

 Everest 2012. Yo voy!

Arranca el Blog de Everest2012. Yo voy!

Hola a todos! Hoy inauguramos este espacio donde estaremos escribiendo un poco de todo y queremos que en pocos días sea convierta en el canal donde publiquemos las crónicas de la expedición desde Nepal.  Ojalá sigan también este espacio como ocurre con Facebook y resulte otra opción para estar comunicados.  Un abrazo.