21/05/2012. Comienzo del “Summit push” o “Empujón hacia la cumbre”.

Estaba despierto desde hacía rato. No sé si realmente pude dormir.

1:28am indicó mi reloj al oprimir el botón de su lucecita.

Estiré las vueltas en la bolsa de dormir hasta las 2:05am, hora en que llegó Shiva, uno de nuestros encargados de cocina, anunciando “Breakfast is ready”.

Anoche había dejado todo listo, incluyendo dentro de la bolsa de dormir unas medias e interiores (calza y prenda superior) para que estuvieran calentitos a la hora de vestirme de madrugada.

Eso hice. Primero la camiseta sintética más finita, luego otra un poquito más gruesa, la calza fina y las medias: dos pares muy finitos de nylon que por su textura suave ayuda a prevenir ampollas y un par grueso, de Thermolite.

El resto de las prendas las había dejado en una bolsa de consorcio a mi lado porque no entraban en la bolsa de dormir… Léase: estaban bien fresquitas! Ánimo!

Cubre pantalón de Ultrex (medio viejito, pero todavía zafa) y camperita de Windstopper. Por encima iría otra capa de Gore Tex que por el momento dejo en la mochila. Ajusto los tiradores del cubre pantalón y me calzo los escarpines interiores de las botas, todo dentro de la carpa, tratando de prolongar lo más posible la salida.

Las botas son triples. Tienen un escarpín interior como suelen incluir la botas de ski y, también similar a ellas, una carcasa exterior “plástica” –en realidad son materiales modernos, muy livianos compuestos por varias capas-. La tercera capa es un “cubre bota” que la abarca por completo y llega hasta la rodilla, a modo de polaina. Es un armatoste tremendo pero muy liviano.

Termino de ajustarme los escarpines y ya no tengo alternativa. Debo salir. Lo hago, y mientras tanto pienso “¿Y vos querés llegar a 8848msnm? Dejate de joder y salí ya mismo!!!” Son los “mecanismos” que tengo para alentarme a seguir…

En el vestíbulo tengo las otras partes de las botas; las saco y me las calzo junto a la carpa. Manoteo la mochila y el casco. Doy la última mirada y cierro con un candadito, poniendo rumbo a la carpa comedor.

Todavía no llegó nadie. Hernán sigue un ritual similar en su tienda.

Aprovecho para ir al baño y de regreso paso por el depósito a buscar arnés, grampones, bastones y piqueta. Entro solo con el arnés y ya tengo compañía.

Para el desayuno hay “porridge” (avena con leche), tostadas y huevos.

Porridge para mí! En Neuquén todos los días –TODOS- desayuno con Nestum y meriendo con avena… Que no me vayan a faltar! Así que acá trato de no incursionar en variantes “norteamericanizadas” como el huevo, la panceta, etc. a menos que no quede otra.

Una alternativa que probé el otro día fue polenta con azúcar y leche… buenísima! Parecida a la “Vitina” que mamá nos hacía de chicos! Capaz que es lo mismo, pero con otro nombre… A veces llamar las cosas por sus denominaciones comerciales nos hace perder el concepto original… “Quaker”, “Vitina”, etc…

Paso al ritual de colocarme el arnés del cual cuelgan Jumar, mosquetones varios, placa de descenso, etc. Con el correr de los días me he convertido casi en un experto! Logro colocármelo en segundos, hasta llegar a la hebilla…

Dicen que es un mecanismo super seguro pero según Hernán parece diseñado desde la reposera en una playa del Caribe, con 28ºC de temperatura y toooooda la temporada de verano para ajustarla…

Podría completar esta página con una larga lista de los improperios que le he dedicado a Black Diamond, el Departamento de diseño, su jefe, su madre, su hermana, su abuela y por qué no también a su gato, porque estoy seguro que un tipo así tiene un gato, tan merecedor de mis puteadas como él.

¿Quedó claro que cuesta mucho ajustar esa hebilla? Bueno, imagínenselo con con los dedos helados –porque el desgraciado también se encargó de que no se pudiera ajustar con guantes… Claro! Para qué? Si en el Caribe no son necesarios!-.

Para no aburrirlos con los detalles, 3:20am estábamos en marcha. Un rato más tarde, otra vez en la Cascada de Hielo, primeras escaleras para atravesar las grietas, “Pop Corn”, “Soccer Field”, “Zona peligrosa”, grieta del accidente, etc., hasta Campo 1. Llegamos en 3:50hs. Muy buen tiempo, comparado con las 7hs de la primera vez. Se nota que estamos aclimatados. Seguimos.

Guillermo me manda adelante, supongo que para ver qué ritmo puedo sostener sin ir detrás de nadie. Me siento muy bien, aunque no me apuro, camino buscando el compás con la respiración. Así y todo, me voy alejando de él y Hernán –Pablo, como va filmando se adelanta o atrasa según las tomas que quiere hacer.

Otra ves la travesía “seca mente” a Campo 2. No tiene demasiada pendiente pero es eterna. Apenas se sale de Campo 1 ya se visualizan los puntitos de colores –las carpas- de C2, y eso es un problema porque uno avanza teniendo siempre a la vista el destino, que parece siempre a la misma distancia a pesar de estar dejando el alma en el andar.

Para colmo, el telón de fondo es la famoso pared del Lhotse, de puro hielo, a mitad de la cual están talladas las plataformas para las carpas de C3. O sea, si C2 se ve lejísimos, C3 aparece como un imposible. Entonces aplico la recomendación que Luco nos dio días atrás: poner toda la atención en los 3m2 delante de nuestros pies, nada más.

Entre 8:30 y 9:00 el sol pega de lleno sobre el glaciar, lo que sumado al esfuerzo provoca bastante calor. No quiero transpirar, así que paro, me quito la capera de windstopper –la de GoreTex sigue en la mochi- y aprovecha a hidratar con un tesito que traigo preparado en un termo. Como un pedazo de Mantecol como para ingerir calorías, guardo todo y sigo.

Un ratito más tarde comienzo a sentirme mal del estómago. Apenas una sensación. Disminuyo la marcha. Aparece un retortijón, avanzo muy lentamente. Me alcanzan Guillermo y Hernán. Trato de seguir su ritmo.

No logro vomitar ni ir de cuerpo como para aliviar la panza. Entre tanto, nos alcanzan Tomy y Luco, que habían salido de Campo Base un rato más tarde.

Al tener el estómago en tensión me resulta difícil introducir aire en cada inhalación, lo que agrava la situación porque tampoco puedo avanzar rápido para llegar cuanto antes y tirarme en la carpa, que es lo que más deseo en ese momento.

A paso de tortuga llego a las primeras rocas y carpas de C2 –todavía falta al menos media hora para nuestro lugar en ese campamento-. Ahí está esperándonos Guillermo –Hernán mi hizo el aguante todo el tiempo-, que se había adelantado dando cuenta una vez más de su nula capacidad para contener, alentar, motivar, etc.

Me obliga a parar, quitarme la mochila, los grampones, el arnés, e intentar vomitar. Hago todo lo posible, y nada. Avisado por radio, Fer Grajales baja y me ayuda a cargar mis bártulos para que yo pueda llegar más aliviado. No estoy bien pero puedo continuar.

Qué decir de este otro Fer? Poco, lo conocí en Katmandú, no sabía que se sumaría a la expedición. Es bajito, sus amigos le dicen “el demonio chiquitito” y tiene una mente rapidísima. Es divertido, agudo, impenetrable en sus pensamientos e intenciones. Conmigo tuvo varios gestos de excelente compañero, y soy testigo de que también con los demás del grupo. Gracias Fer G.!

Llegamos a nuestra carpa, al fin! Si me quedo ahí seguro me duermo y no hidrato así que me tiro en la carpa comedor. Hidrato a full, como algo, lo que puedo. Son las 11hs. el resto del día lo paso así, mejorando paulatinamente hasta la noche en que me siento mucho mejor.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *