24/05/2012. La etapa final.

En síntesis, hoy vamos a Campo 4, llegamos tipo 15hs., descansamos e hidratamos un rato y tipo 20hs salimos hacia la cumbre. 12 horas de marcha, cumbre y volvemos a Campo 4 en 5hs más. O sea, arrancamos en Campo 3 a las 6am y esperamos estar en Campo 4, cumbre mediante, a las 13hs del día siguiente.

Pero vamos por partes.

Nos demoramos un poco en salir de Campo 3 y eso hace que otros escaladores nos ganen de mano. El problema es que van más lento que nosotros, y no podemos adelantarnos en la pared de hielo. Tendríamos que ir “desclipando” el mosquetón de seguridad cada vez que fuésemos a adelantar a alguno y eso implicaría una exposición grandísima al abismo. Entonces Guillermo nos hace desviar hacia un costado, donde hay una plataforma tallada, evidentemente de una carpa que ya no está.

Allí esperamos unos 30 minutos, hasta que quienes marchan delante de nosotros se alejen un poco. Estamos en lo que se llama Campo 3 superior, unos 200 metros más arriba de donde dormimos.

En ese tramo recorrido recién pudimos ver restos de las carpas que se llevó la avalancha de hace unos días atrás. Retazos de tela, varillas de aluminio retorcidas son los testigos del caos. Imposible no pensar “Y si hubiera sido yo quien estaba allí dentro cuando ocurrió el desastre?”… El destino.

Retomamos la marcha, primero derechito hacia arriba, exigiendo piernas y pulmones a full. Más tarde, giramos hacia la izquierda, cruzando las “Bandas Amarillas” –un tramo de rocas con esa tonalidad- y pasamos por debajo de “La tortuga” hasta que nos enfrentamos al mítico “Espolón de Ginebra, o de los ginebrinos”.

Mezcla de roca y nieve, podría ser un monte en sí mismo, pero enclavado en la inmensidad del Everest, Lhotse y Nupse queda relativamente tan pequeño que apenas llega a llamarse “Espolón”.

Lo subimos. La pendiente se va pronunciando hasta ponerse casi vertical sobre el final, y el premio al esfuerzo es que, asomados a su filo superior, vemos que debemos continuar por una travesía suave, de muy poca inclinación.

Y casi nada de nieve, piedras sueltas en su mayoría, por lo que paramos a quitarnos los grampones para caminar más seguros. Antes de seguir miramos hacia la izquierda… 1000 metros de un “tobogán” de hielo, la famosa “Cara del Lhotse” pero esta vez desde arriba, como nunca antes la habíamos visto. Hermosa. Impactante. Atrayente… pero gracias, preferimos seguir nuestro plan original!

Casi 8 horas demoramos en llegar a Campo 4, donde las carpas se ubican sobre una planicie de piedras, algo muy parecido a un paisaje lunar, azotado por el viento que transita sin obstáculos por ese lugar llamado “Collado Sur”, de un lado Nepal, del otro Tibet.

Tomo unas fotos, filmo y me quedo agazapado al ladito de mi carpa, protegiéndome de las ráfagas, esperando que llegue Hernán para filmarlo y fotografiarlo. Otra vez nos abrazamos celebrando los casi 8000 msnm y un pasito más hacia la cima.

Rapidito nos metemos en la carpa para no tomar más frío; felices, eufóricos. “Ya estamos, bro!”, “Ya lo tenemos!”.

Mientras hidratamos se nos ocurre filmar unos videítos con la bandera argentina, con la de mi Universidad y, en secreto, también uno con la bandera “Las Malvinas son Argentinas”, que hace rato no usamos porque los Benegas nos lo prohibieron. Este  punto, como muchos otros, forma parte del “lado oscuro” de la expedición, que tal vez algún día contaremos.

Por lo pronto, exultantes, hacemos esos videos y cada dos minutos nos miramos casi sin poder creer lo que estamos viviendo. Y juntos, que es lo mejor que nos puede ocurrir! ¿Suena raro? Si nos habrán gastado los muchachos en Neuquén con eso de “Secretos en la montaña”!!! Pero cualquiera que ande en estas aventuras sabe lo difícil que es congeniar con alguien. Se requiere confianza extrema y la seguridad de que se va a disfrutar de las mismas cosas, con similares expectativas, intereses, etc. Casi como en una pareja, es cierto! Jajajajaja.

Se acerca Tendi y nos habla de cómo será la última parte, con mucho cariño, como es su estilo. Lo primero que nos advierte es que vamos a ver a varios de los que fallecieron 5 ó 6 días atrás ya que sus cuerpos aún permanecen allí. Nos dice que no nos preocupemos, que si hacemos todo lo que debemos no nos va a pasar nada malo. Sutilmente le pregunto a Hernán si eso lo afecta, y me responde que no. Ok, coincidimos, son cosas que pasan. Segundo: que le avisemos cualquier dificultad que tengamos, inmediatamente. Y una serie de recomendaciones más acerca del abrigo y el equipo.

Por ahí desliza un “Mi misión es que ustedes vuelvan seguros con sus familias” que nos hace emocionar porque sabemos que no es sólo una frase sino su vocación. Hace casi dos meses que Tendi Sherpa nos acompaña en cada etapa del ascenso, motivándonos, ayudándonos, instándonos a superar cada dificultad… Y cuando algún tramo se nos hizo imposible en el primer intento, ahí estuvo él para decir “No te preocupes, te prometo que mañana te acompaño de nuevo y vas a ver que lo lográs”. Un ser increíble.

Aparece Guillermo diciendo que salimos a las 20hs.

Nos preparamos, nos vestimos por completo dentro de la carpa, excepto los grampones. Queremos descansar los últimos minutos pero es imposible, el viento sacude la carpa con furia y la ansiedad completa el cuadro.

Llega la hora, hay que salir nomás! Queremos comernos lo que nos falta de la montaña, y a la vez el propio instinto llama una vez más a quedarse a resguardo, a no exponerse.

Por un momento todo es algo caótico porque ya es totalmente de noche, hay que ponerse el casco, la máscara de oxígeno, ajustarse los grampones, colocarse los mitones de pluma, todo en medio de viento y frío tremendos.

Gritos de “Apúrense! Nos vamos!”… Uy, la linterna! A sacarse el casco y sujetarla a él. Previamente, sacarse los mitones porque sino es imposible manipular nada. Listo, todo acomodado… No! Las antiparras! Aunque es de noche son necesarias para proteger los ojos del viento helado y los cristales de hielo y nieve que vuelan. Otra vez, quitase los mitones, el casco, ponerse, ahora sí, las antiparras y nuevamente casco, guantes… Por Dios! Qué nervios!

Listo? Mmmm… Guillermo se enoja –una vez más- y revolea el casco de Hernán. No tengo idea qué pasó, pero por las dudas me quito el mío (como si fuera tan fácil!). Escucho que le dice algo acerca de las antiparras así que me las quito también y las guardo a mano. Figúrense todo esto de noche, a 8000 metros, viento, frío, caos… Agotador!

Finalmente arrancamos, primero Guillermo, Hernán, Tendi y yo. Pablo y Fer G. salen unos minutos después. Delante nuestro puede verse la hilera de luces de las linternas frontales de los grupos que arrancaron antes.

Todo es cuesta arriba, con fuerte pendiente, en terreno mixto de roca, hielo y nieve. Adelante van Guillermo y Hernan, unos metros más atrás Tendi y yo. Sabemos que la cumbre está 12 horas más adelante así que vamos a paso lento, cuidando el cuerpo.

No había transcurrido más de hora y media de marcha cuando pasamos por al lado –tuvimos que desviarnos levemente de la trayectoria que llevábamos para evitarlo- del primero de los escaladores que murieron hace un par de días… El haz de luz de mi linterna hace destellar las partes reflectivas de sus botas e ilumina el cuerpo completo del hombre que yace allí… Pensé que estaba preparado, que no me iba a afectar.  No fue así.

Realmente me impresionó verlo recostado, con todo su equipo puesto, casi igual a cualquiera de nosotros. Mismas botas LaSportiva, mismo mono de pluma rojo…

Poco más adelante, otro, y otra; me encuentro justo delante de un cuerpo envuelto en una bandera canadiense y sé que se trata de una chica de 33 años porque hace dos o tres días se supo que su padre ofrecía u$s 30.000 para recuperar el cuerpo.

Asi, hay 4 ó 5… El coreano, el alemán, la canadiense… recostados, dormidos, abandonados por sí mismos, a pocas horas de Campo 4. Y es que a 8200 msnm si uno no pone mucho de sí para sobrevivir los demás no pueden hacer demasiado. Todos están expuestos a las mismas condiciones extremas y se requieren demasiadas personas para ayudar a una sola si no colabora.

El campamento de los coreanos en Campo Base estaba cerca del nuestro, así que sabíamos que el origen de sus problemas había sido la pérdida de la vista, y los demás aún no se sabe a ciencia cierta, aunque quitando tormentas, avalanchas, y desastres naturales la causa más probable es el cansancio extremo. Uno se detiene a descansar un momento, la fatiga provoca somnolencia, la temperatura corporal baja drásticamente por la quietud y el estado de hipotermia hace lo demás.

Días más tarde, charlando con Hernán, coincidimos en que la escena nos impactó más de lo esperado. Pensar que vinieron a cumplir un sueño, una meta, un objetivo, lo que fuere. Que decenas, cientos o miles de personas estarían siguiendo sus pasos, acompañándolos, esperando noticias, orgullosos, felices, temerosos… Amigos, familiares, extraños seguidores de su aventura… Uff! Qué fuerte!

 

Continuamos sin detenernos, hasta que en un momento Guillermo me espera y dice “Fernando, a ese ritmo no llegás a la cumbre a la hora programada así que apurá o te hago volver. Vamos a seguir hasta “El Balcón” y ahí vemos”… ¿¿¿???… No sabía si se trataba de una cabronada más de Willie o si realmente venía demasiado lento. En ningún momento vi que se alejaran más de 20 ó 30 metros de mi posición. Totalmente desconcertado, apuré el paso, por supuesto.

El nuevo ritmo no me resultaba “cómodo”, me sentía fuerte muscularmente pero el aire no era del todo suficiente, como si no pudiera inspirar todo lo que necesitaba. Tampoco me preocupé demasiado: Everest, 8500msnm, bla, bla, bla, no iba a pretender estar igual que el diseñador de hebillas Black Diamond, en su reposera del Caribe…

Pasamos el bendito “Balcón” sin novedades, y cuando una delgada línea de luz comienza a insinuarse en el horizonte –a las 4:30am aprox.- Tendi me dice que me coloque las antiparras.

Con la máscara de oxígeno y el esfuerzo las antiparras se me empañan bastante: es algo muy común pero la regla de oro es NO hacer lo que instintivamente uno atinaría: separarlas del rostro para airearlas… Prohibido! ¿Por qué? Porque a -30ºC esas pequeñas gotitas de vapor condensadas en la parte interior de la lente se congelarían  al instante y sería imposible limpiarlas. Además, ese movimiento haría entrar mucha luz directa del sol más la que se refleja en el hielo, lo que si se reitera, suele convertirse en una de las principales causas de ceguera en la montaña.

Me las aguanto, aunque veo poco. Me cuesta ver dónde poner los pies a cada paso, voy como tanteando hasta encontrar un punto de apoyo adecuado. Eso me cansa muchísimo, pero sigo firme.

Como en tantos otros momentos, es la mente la que manda. Puede llevarnos hasta lo más alto o impedirnos dar el más mínimo paso. Lo bueno del montañismo es que uno aprende a conocerla, a saber cómo piensa y actúa en determinadas circunstancias. Eso es crucial para sobreponerse a las dificultades, controlar ansiedades, multiplicar energía y motivación, etc.

El autoconocimiento que uno logra en la montaña, cuando se vive intensamente, es profundísimo! Y lo mejor: es directamente aplicable a la vida cotidiana!

Te invito a que te animes a hacerlo. Empezá por una caminata, algo simple, breve. En lo posible, en silencio. Acompañado si querés, pero en silencio; respirando profundo, al ritmo de tus pasos; atento a todos los aromas que logres percibir, no importa si son ricos o no porque son los que la naturaleza brinda para vos en ese instante; escuchando el sonido de tus pasos (nada de mp3, ni ipod, eh!), el de los pájaros y el viento; mirando dónde poner cada pie, y sin perder de vista las maravillas que te rodean: árboles, arbustos, flores, yuyos, arroyos, piedras, tierra, un nido, un hormiguero, mariposas…

Si después de eso no sentís que aprendiste un poco más acerca de vos mismo… volvé a empezar! Te aseguro que cuando lo consigas serás más feliz que antes!

 

Llegamos a la cumbre sur!!! Es un punto de referencia de los más importantes!!! Qué cerca estamos!!! La pasamos; lo que sigue es una travesía algo compleja, mezcla de roca, hielo y nieve… Qué importa! Ya casi estamos arriba de todo! Falta nada!

Bueno, en realidad falta el “Escalón Hillary” que tiene su dificultad, pero según el Topo Deza, amigo de Bariloche que subió en 2010, es cuestión de darse maña nomás, y luego unos metros hasta la tan ansiada cumbre.

 

Arrancamos otra vez, luego de una breve paradita bajo la cumbre sur, y encaramos  la travesía. Realmente veo muy poco ya, y pienso “Limpio las antiparras y si se congelan me pongo los lentes”.

Levanto las antiparras de mis ojos y… tampoco veo! Apenas un poco borroso con el ojo derecho, lo demás todo blanco. No puede ser. Me coloco otra vez las antiparras y… nada. Me las vuelvo a quitar… igual.

“Tranquilo, Fer. Lo peor que podés hacer es desesperar”, pienso, aunque naturalmente me asusté.

Mierda. Tantas cosas pasaron por mi cabeza en un instante! Dos meses de expedición, todo perfecto, ni un solo resfrío…

Sé que faltan minutos, nada más… Yendo cerca del que va delante de mí, como para imitar sus movimientos, la puedo “pilotear”…

¿Y después? ¿Y si termino por jorobar el ojo derecho? ¿Cómo bajo? Uno de los coreanos que yacía tirado al lado de nuestro camino aparentemente había muerto porque no pudo regresar a Campo 4 a causa de una ceguera, tal vez similar a la mía…

Bueno, pero capaz que…

 

Altimetro en C4

 

Pablo llegando a C4

Pablo descansando antes del Espolón de Ginebra

Fer y Hernán en C4

Hernán llegando a la carpa en C4

Esperando un rato en C3 superior

Campo 2 visto desde Campo 3

 

 

 

22/05/2012. Día de descanso en Campo 2. 23/05/2012. Nuevamente a Campo 3, esta vez a dormir allí.

La duda: salir temprano para evitar el calor sofocante subiendo la cara del Lhotse, pero estar más tiempo en Campo 3; o arrancar más tarde y bancarse el sol de lleno, minimizando las horas de estadía en esas terracitas talladas sobre la pared de hielo.

Creo que ya les conté que C3 es un sitio no deseado por los sherpas. Ellos pasan derecho de C2 a C4. Y en estos días tuvimos la mejor fundamentación: una avalancha se llevó consigo toda una franja de carpas, incluyendo dos personas. Fue una desgracia con suerte porque casi todas las carpas estaban vacías en ese momento.

En fin, Guillermo decidió salir 6:00am. Apenas Hernán estuvo listo le dijo “Empezá a caminar”. Yo me demoré un poquito cerrando la mochi; cuando terminé arrancamos la extensa y suave pendiente hasta la cara del Lhotse.

En todo momento Hernán seguía delante nuestro, a paso firme, nada que ver con aquel día en que no encontrábamos explicación a su lentitud. Genial! Eso significa que su cabeza viene jugando a favor! Cuerpo y garra le sobran. La suma es perfecta.

Nos encontramos al pie de la pared para ponernos los grampones, hidratar y comenzar juntos la parte más dura. Hasta aquí veníamos usando bastones de trekking pero ya no nos serían útiles así que Guillermo nos los hizo dejar al lado de un bloque de hielo, para pasar a retirarlos 3 días más tarde, cuando descendiéramos de la cumbre.

Es muy común ver en cualquier parte de la montaña distintos elementos que la gente va dejando cuando no resultan necesarios de momento, para luego recogerlos en el regreso. Así, se ven grampones, guantes, camperas, mochilas, etc., sujetos a alguna estaquita, y nadie toca nada que no sea suyo…

Una vez más, Jumar, mosquetón de seguridad, puntas delanteras de los grampones clavándose en la pared de hielo que ya muestra ciertos “escalones” producto del tránsito de otras personas que pasaron antes (recuerden que estamos sobre finales de la temporada). Por momentos el calor aprieta y la respiración se hace más dificultosa aún, sin embargo estamos tan felices y motivados que no paramos hasta los 7115msnm en que llegamos a nuestra carpa, compartida con Pablo.

Como diría Hernán, más rápido que inmediatamente nos pusimos a “hacer agua” para hidratar. Hernán preparó el calentador mientras Pablo y yo nos alejamos unos metros para juntar nieve y hielo en una bolsa grande. Pablo piqueteaba la pared, cascando pedazos grandes y yo los partía en otros más pequeños para que entraran en la cacerola y se derritieran. Había que stockear lo más posible rápidamente antes que el clima empeorara, como todas las tardes.

Qué buen equipo! Me acuerdo cuando era chico e íbamos de campamento con amiguitos… siempre había que estar empujando a alguno para que vaya a buscar agua, juntar leña o armar la carpa… Qué bronca me daba!

En cambio acá todos nos ocupamos de algo y todo sale ok. Con Hernán esto lo tenemos recontra aceitado, y Pablo es un compañero incansable, siempre dispuesto, así que en un rato nos encontramos los tres dentro de la carpa, acomodados, con varios potes y termos llenos de agua.

Armamos picada y charlamos de la vida. Es uno de esos momentos inolvidables. Parece no tener nada de especial: una carpa, tres amigos conversando… Pero en realidad confluyen en el pequeño iglú tantas historias, expectativas, motivaciones, inquietudes, temores, deseos, ansias, dificultades, esfuerzos, proyectos…

Pablo vino a la expedición como fotógrafo y camarógrafo de Facundo Arana. Cuando éste lo contrató y Pablo confirmó su participación aún no sabía que Natalia, su esposa, estaba embarazada de apenas un mes. Es decir que hoy está aquí, a 12.000km de esa pancita que crece, empujando hacia la cumbre como el más bravo, cargando kilos y kilos de equipo fotográfico, trabajando sin descanso e ingeniándoselas para armar algo creativo sin Facundo, que iba a ser la figura central y de por sí le daría contenido al producto. Charlamos bastante sobre Valentino (el baby que está en camino), la casita nueva del plan de viviendas que les están por entregar, la valentía y el acompañamiento de Natalia, su esposa… Qué momento intenso, eh!

Tomi y Luco tienen su carpa al lado de la nuestra. Están algo aburridos así que los invitamos a la tertulia loca que improvisamos a más de 7000 metros de altura, en una tiendita de campaña para tres personas, apenas apoyada en una terraza sobre una pared de 35º, de puro hielo, en el corazón del Himalaya…

Disculpen algunas repeticiones y digresiones, pero esto es muy fuerte! Los más montañeros estarán, tal vez, esperando datos más técnicos –que por supuesto les puedo brindar-, pero me es imposible no recaer en aspectos más íntimos y personales.

Varias veces me pregunto para quién escribo, si lo hago “para el blog”, para los familiares y amigos que esperan noticias, para dejar registro simplemente o… para mí mismo. No lo sé, por eso “divago” entre lo informativo y lo reflexivo!

Bueno, volvamos porque sino esto se pone demasiado “autorreferencial”, diría un amigo del alma allá en su despacho de la Facultad de Economía o en su escritorio de El Chaparral…

Tomi y Luco aceptan el convite así que somos cinco aquí dentro. Con estos dos no se puede hablar en serio! Y está buenísimo! Todo es risas, chistes y las típicas conversaciones de varones, que podemos pasar horas y horas departiendo sobre sexo y mujeres, o viendo quién gana el concurso de gases más alto del mundo. Hay temas de los abordados que jamás mencionaré por escrito pero les aseguro que hasta lo más inverosímil aquí se hace presente como lo más común.

La tercera carpa la ocupan Fer G., Damián y Guillermo.

Así pasamos las horas hasta que comienza a oscurecer. Tomi y Luco se van a su tienda, y nosotros “cocinamos” un paquete de fideos con salsa “Sabor de reyes”. Se sumerge la bolsa aluminizada en agua hirviendo durante 10 minutos y listo! Riquísimo!

Le faltó un poquito de temperatura, y es que una cosa son 10 minutos de hervor a nivel del mar y otra aquí arriba. Como la presión es tan baja, el agua hierve a una temperatura sensiblemente inferior que a nivel del mar. Y una vez que “rompió el hervor” ya no se sigue calentando sino que se evapora, por lo que nuestra bolsita estuvo sumergida el tiempo que indicaban las instrucciones, pero no realmente a la temperatura necesaria para calentarse suficientemente su contenido.

Antes de dormir Guillermo nos reparte una botella de oxígeno, un regulador y una máscara a cada uno para que lo usemos por primera vez. De aquí hacia arriba la iremos regulando entre 0,5 y 3 litros por minuto de acuerdo al ritmo de ascenso, la dificultad, etc. Eso sí, prácticamente tendremos la máscara puesta las 24hs.

Fer en Campo 3

Tomi en Campo 3

 

Pablo, Hernan y Fer en campo 3

 

Pablo en Campo 3

 

Nuestras carpas en C3

Malvinas en Campo 3

Luco en campo 3

Hernan en Campo 3

 

 

21/05/2012. Comienzo del “Summit push” o “Empujón hacia la cumbre”.

Estaba despierto desde hacía rato. No sé si realmente pude dormir.

1:28am indicó mi reloj al oprimir el botón de su lucecita.

Estiré las vueltas en la bolsa de dormir hasta las 2:05am, hora en que llegó Shiva, uno de nuestros encargados de cocina, anunciando “Breakfast is ready”.

Anoche había dejado todo listo, incluyendo dentro de la bolsa de dormir unas medias e interiores (calza y prenda superior) para que estuvieran calentitos a la hora de vestirme de madrugada.

Eso hice. Primero la camiseta sintética más finita, luego otra un poquito más gruesa, la calza fina y las medias: dos pares muy finitos de nylon que por su textura suave ayuda a prevenir ampollas y un par grueso, de Thermolite.

El resto de las prendas las había dejado en una bolsa de consorcio a mi lado porque no entraban en la bolsa de dormir… Léase: estaban bien fresquitas! Ánimo!

Cubre pantalón de Ultrex (medio viejito, pero todavía zafa) y camperita de Windstopper. Por encima iría otra capa de Gore Tex que por el momento dejo en la mochila. Ajusto los tiradores del cubre pantalón y me calzo los escarpines interiores de las botas, todo dentro de la carpa, tratando de prolongar lo más posible la salida.

Las botas son triples. Tienen un escarpín interior como suelen incluir la botas de ski y, también similar a ellas, una carcasa exterior “plástica” –en realidad son materiales modernos, muy livianos compuestos por varias capas-. La tercera capa es un “cubre bota” que la abarca por completo y llega hasta la rodilla, a modo de polaina. Es un armatoste tremendo pero muy liviano.

Termino de ajustarme los escarpines y ya no tengo alternativa. Debo salir. Lo hago, y mientras tanto pienso “¿Y vos querés llegar a 8848msnm? Dejate de joder y salí ya mismo!!!” Son los “mecanismos” que tengo para alentarme a seguir…

En el vestíbulo tengo las otras partes de las botas; las saco y me las calzo junto a la carpa. Manoteo la mochila y el casco. Doy la última mirada y cierro con un candadito, poniendo rumbo a la carpa comedor.

Todavía no llegó nadie. Hernán sigue un ritual similar en su tienda.

Aprovecho para ir al baño y de regreso paso por el depósito a buscar arnés, grampones, bastones y piqueta. Entro solo con el arnés y ya tengo compañía.

Para el desayuno hay “porridge” (avena con leche), tostadas y huevos.

Porridge para mí! En Neuquén todos los días –TODOS- desayuno con Nestum y meriendo con avena… Que no me vayan a faltar! Así que acá trato de no incursionar en variantes “norteamericanizadas” como el huevo, la panceta, etc. a menos que no quede otra.

Una alternativa que probé el otro día fue polenta con azúcar y leche… buenísima! Parecida a la “Vitina” que mamá nos hacía de chicos! Capaz que es lo mismo, pero con otro nombre… A veces llamar las cosas por sus denominaciones comerciales nos hace perder el concepto original… “Quaker”, “Vitina”, etc…

Paso al ritual de colocarme el arnés del cual cuelgan Jumar, mosquetones varios, placa de descenso, etc. Con el correr de los días me he convertido casi en un experto! Logro colocármelo en segundos, hasta llegar a la hebilla…

Dicen que es un mecanismo super seguro pero según Hernán parece diseñado desde la reposera en una playa del Caribe, con 28ºC de temperatura y toooooda la temporada de verano para ajustarla…

Podría completar esta página con una larga lista de los improperios que le he dedicado a Black Diamond, el Departamento de diseño, su jefe, su madre, su hermana, su abuela y por qué no también a su gato, porque estoy seguro que un tipo así tiene un gato, tan merecedor de mis puteadas como él.

¿Quedó claro que cuesta mucho ajustar esa hebilla? Bueno, imagínenselo con con los dedos helados –porque el desgraciado también se encargó de que no se pudiera ajustar con guantes… Claro! Para qué? Si en el Caribe no son necesarios!-.

Para no aburrirlos con los detalles, 3:20am estábamos en marcha. Un rato más tarde, otra vez en la Cascada de Hielo, primeras escaleras para atravesar las grietas, “Pop Corn”, “Soccer Field”, “Zona peligrosa”, grieta del accidente, etc., hasta Campo 1. Llegamos en 3:50hs. Muy buen tiempo, comparado con las 7hs de la primera vez. Se nota que estamos aclimatados. Seguimos.

Guillermo me manda adelante, supongo que para ver qué ritmo puedo sostener sin ir detrás de nadie. Me siento muy bien, aunque no me apuro, camino buscando el compás con la respiración. Así y todo, me voy alejando de él y Hernán –Pablo, como va filmando se adelanta o atrasa según las tomas que quiere hacer.

Otra ves la travesía “seca mente” a Campo 2. No tiene demasiada pendiente pero es eterna. Apenas se sale de Campo 1 ya se visualizan los puntitos de colores –las carpas- de C2, y eso es un problema porque uno avanza teniendo siempre a la vista el destino, que parece siempre a la misma distancia a pesar de estar dejando el alma en el andar.

Para colmo, el telón de fondo es la famoso pared del Lhotse, de puro hielo, a mitad de la cual están talladas las plataformas para las carpas de C3. O sea, si C2 se ve lejísimos, C3 aparece como un imposible. Entonces aplico la recomendación que Luco nos dio días atrás: poner toda la atención en los 3m2 delante de nuestros pies, nada más.

Entre 8:30 y 9:00 el sol pega de lleno sobre el glaciar, lo que sumado al esfuerzo provoca bastante calor. No quiero transpirar, así que paro, me quito la capera de windstopper –la de GoreTex sigue en la mochi- y aprovecha a hidratar con un tesito que traigo preparado en un termo. Como un pedazo de Mantecol como para ingerir calorías, guardo todo y sigo.

Un ratito más tarde comienzo a sentirme mal del estómago. Apenas una sensación. Disminuyo la marcha. Aparece un retortijón, avanzo muy lentamente. Me alcanzan Guillermo y Hernán. Trato de seguir su ritmo.

No logro vomitar ni ir de cuerpo como para aliviar la panza. Entre tanto, nos alcanzan Tomy y Luco, que habían salido de Campo Base un rato más tarde.

Al tener el estómago en tensión me resulta difícil introducir aire en cada inhalación, lo que agrava la situación porque tampoco puedo avanzar rápido para llegar cuanto antes y tirarme en la carpa, que es lo que más deseo en ese momento.

A paso de tortuga llego a las primeras rocas y carpas de C2 –todavía falta al menos media hora para nuestro lugar en ese campamento-. Ahí está esperándonos Guillermo –Hernán mi hizo el aguante todo el tiempo-, que se había adelantado dando cuenta una vez más de su nula capacidad para contener, alentar, motivar, etc.

Me obliga a parar, quitarme la mochila, los grampones, el arnés, e intentar vomitar. Hago todo lo posible, y nada. Avisado por radio, Fer Grajales baja y me ayuda a cargar mis bártulos para que yo pueda llegar más aliviado. No estoy bien pero puedo continuar.

Qué decir de este otro Fer? Poco, lo conocí en Katmandú, no sabía que se sumaría a la expedición. Es bajito, sus amigos le dicen “el demonio chiquitito” y tiene una mente rapidísima. Es divertido, agudo, impenetrable en sus pensamientos e intenciones. Conmigo tuvo varios gestos de excelente compañero, y soy testigo de que también con los demás del grupo. Gracias Fer G.!

Llegamos a nuestra carpa, al fin! Si me quedo ahí seguro me duermo y no hidrato así que me tiro en la carpa comedor. Hidrato a full, como algo, lo que puedo. Son las 11hs. el resto del día lo paso así, mejorando paulatinamente hasta la noche en que me siento mucho mejor.