Ducha en el Everest

Último momento!!!

Luego de 20 días Hernán “el Pampa” Carracedo se va a dar una ducha!!! Y nada menos que a los 5200 metros del Everest!!!

Gracias Carra! Todo el equipo agradece este gesto!

Aclaración: hace unos días llegó, al Equipo de Apoyo y Difusión Expedición Everest 2012, este material y queríamos compartirlo con todos Ustedes.

La Puja

La Puja (Pusha) tiene mucho de religioso..de celebración, algo de tribal.. de Haka. De Pachamama. Mucho de autoconvencimiento, de querer, de prometerse, de entregarse a vivir..Se mezclan todos los más fuertes sentimientos de ganas, de empuje. Pide una sonrisa  y el abrazo con los compañeros..El compromiso de cuidarse unos a otros. Ofrecer lo mejor de uno..Recordar a los que ya no están..Comienza siendo un ritual exótico que te va envolviendo poco a poco en mantras y canciones. Oraciones.. En contacto con uno y con todos..con todo! Lo que más llama la atención es que, no importa cuán lejos uno vaya, siempre hay una forma de pedirle a Dios permiso y protección.. Es muy bueno creer. La Puja es aquello que uno quiere para sí mismo y los suyos cada día de la vida.

Expedición Herradura del Khumbu 2012

Periche (11/04/2012)

Estamos en Periche!!! 4200 metros.
Luego de Namche fue Deboche una sola noche y a caminar de nuevo al dia siguiente. Ayer fue otro día intenso.

Recibimos la bendición del Lama Ghese. Es fantástico como sin entenderle una palabra nos llenó de energía con sus oraciones y carcajadas cuando Tendi Sherpa le traducía nuestras palabras durante la ceremonia en Pangboche.
Luego del almuerzo el clima se puso realmente feo y apuramos el paso, o mejor dicho (porque estabamos ya a 4000 metros) suspendimos las paradas en la marcha lenta para poder llegar cuanto antes a destino. Ya estamos acá! Enteros y felices disfrutando del mate en nuestro día de descanso y cargando las baterías a tope con todos sus saludos, deseos y hermosas palabras!
Un fuerte abrazo de los dos!

El vuelo a Luckla (06/4/2012)

Pipipipi… pipipipi…El despertador sonó a las 3:30am.

Hoy es el gran día! En realidad, un nuevo gran día porque hasta ahora todos han sido magníficos. Lo que hace que hoy sea diferente es que comenzamos la primera etapa del ascenso a Everest: el trekking de 10 días aprox. hasta el Campo Base.

Pero antes hay que volar a Lukla, por eso nos levantamos tan temprano.

El aeropuerto de Lukla está considerado uno de los cinco más peligrosos del mundo. Hemos visto fotos y videos de esa curiosa pista de aterrizaje de tan solo 250 metros de largo, encajada entre montañas y con una increíble pendiente que colabora para que el avión se detenga… probablemente.

Cuando a las 4:30am Willie y Georgie nos pasaron a buscar por el hotel, ya estábamos listos. Habíamos dejado en la puerta principal el bolso con la ropa y otros elementos necesarios para el trekking, guardado en depósito lo que se quedaba en Katmandú y desayunado un jugo con frutas, medialunas y muffins que gentilmente nos habían dejado preparado.

La clave estaba en el clima. Los días previos las condiciones no fueron favorables y muchos de los que debían viajar a Lukla no pudieron hacerlo, por lo que había acumulación de pasajeros y equipaje con gran ansiedad por llegar al punto donde miles de personas de todo el mundo cada año comienzan el ascenso a varias montañas de esta región de Himalaya.

A pesar de que anocheció diluviando, a las 5am estaba totalmente despejado, lo que significaba grandes chances de volar. Cargamos todo en la combi y partimos hacia el aeropuerto: Willie, Georgie, Pablo, Facundo, Hernán y yo.

Al llegar nos reunimos con el resto de los miembros de la expedición: Fernando Grajales, Tomás Ceppi, Luciano Badino, Damián y Tendi –jefe de los sherpas que trabajan para los Benegas-, y comenzó un espectáculo que Willie nos había anticipado… Había que bajar más de dos mil kilos de equipo y provisiones de los vehículos, introducirlos en el scanner del aeropuerto y despacharlos en la empresa aérea antes que las demás expediciones, para lograr abordar los primeros vuelos.

Entre empujones, tironeos, trabajo en equipo y algo de tensión conseguimos subirnos al bus que nos llevó hasta la avioneta. Fue clave la experiencia de Willie y Damián. En estos detalles y secretos se ve que la tienen muy clara, no sólo en las cuestiones técnicas de escalada sino también en toda la logística necesaria.

Los aviones que recorren la ruta Katmandú-Lukla –unos 10 vuelos diarios- son pequeños, a hélice, con capacidad para 14 pasajeros aproximadamente, ubicados en dos filas de asientos, con un pasillo en el medio.

Abordamos, lo que significó otra señal de que posiblemente pudiéramos arribar a nuestro próximo destino. Aún restaba ver si en Lukla las condiciones climáticas y de visibilidad permitían el aterrizaje.

Como dijo Willie cuando hicimos unas prácticas en Tronador, Bariloche, los más de dos meses que dura la expedición se componen de múltiples cumbres, no sólo la de Everest propiamente dicha. Llegar a Katmandú con todo el equipaje despachado en origen, por ejemplo, fue la primera cumbre. Ahora, haber conseguido tomar este vuelo también puede considerarse una cima.

Esta visión ayuda muchísimo a mantener la ansiedad bajo control ya que si sólo se piensa en poner el pie en el techo del mundo, dentro de 50 días, la espera se hace interminable y no se disfrutan plenamente los logros intermedios. Además, es importantísimo mantener el ánimo lo más alto posible y para eso resulta sumamente eficaz celebrar cada paso.

Despegamos! Qué emoción! Tomamos altura y vemos con claridad el valle de Katmandú, tanto por las ventanillas laterales como por las delanteras, ya que la cabina de los pilotos no está aislada del resto del fuselaje. Ver los comandos y las manos de los pilotos en acción le agrega un condimento espectacular al coctail de sensaciones que nos invaden.

Todo transcurre de acuerdo a lo esperado y no dejamos ni un momento de tomar fotos entre nosotros y hacia afuera, aunque las imágenes del exterior no se registran con claridad porque las ventanillas están empañadas, algo sucias también. Por momentos cruzamos miradas y la alegría que se refleja en nuestros rostros es indescriptible. Para la mayoría esto es un sueño hecho realidad, de a poquito, en pequeñas dosis, como cuando uno sueña algo muy lindo y al ir despertando, lentamente se va dando cuenta que esa fantasía en verdad está ocurriendo. Felicidad total!

Al cabo de 35 minutos, ya en la zona donde esperamos llegar, algunos movimientos de la nave ponen en alerta a Willie, Damián y Fernando Grajales. El primer indicio de que algo extraño sucedía fue que entramos en una nube, a baja altura, lo cual según Fernando G. es algo que nunca debe suceder; una regla de oro de la seguridad aérea. “Esto no me gusta nada”, dijo.

Esa frase en boca de otro no hubiera sido otra cosa que una expresión de temor, pero pronunciada por Fernando G., gran conocedor del tema, debía ser tomado con seriedad.

El comienzo de un viraje hace que Damián diga “Nos estamos volviendo a Katmandú, la pista está allí –señalando en dirección a donde debía estar- pero totalmente cubierta de nubes.”

Nos envolvió cierta sensación de frustración por no poder alcanzar lo que esperábamos, aunque enseguida fue mitigada por la tranquilidad de saber que se trataba de una decisión prudente.

Error. Una nueva maniobra y otra vez dentro de la nube, a pocos metros del suelo, en un valle profundo, flanqueado por montañas altísimas -esto es Himalaya!- hace que Fernando G. vuelva a expresar su preocupación y opine “está buscando un hueco para encontrar la pista”. Mientras tanto, la avioneta viraba hacia uno y otro lado, y los pilotos se hablaban entre sí, mirando con agudeza el panorama frente a ellos.

Mientras tanto, era imposible evitar que vinieran a nuestras mentes las crónicas sobre la cantidad de estos avioncitos que se accidentaron aquí y el quinto lugar en el ranking de aeropuertos más peligrosos del mundo.

De pronto, por un pequeño espacio entre dos nubes se pudo ver la pista, muy cerca, lo que hizo que la nave tuviera que descender y acomodar su rumbo rápidamente. Todo ocurrió en cuestión de segundos: el avión ingresó algo cruzado y cuando el tren de aterrizaje tocó la pista –mojada por las lluvias que acababan de cesar- no logró afirmarse adecuadamente provocando que resbalara unos metros hacia el lado derecho…

Un par de movimientos bruscos, el ruido de los motores intentando detener la nave, la pared de roca al final de los apenas 250 metros de la pista que veíamos por el parabrisas delantero… Finalmente el piloto controló la situación y nos detuvimos.

“Casi lo pierde” fue la frase de Willie en ese mismo instante, aludiendo al piloto y el avión. Y continuó “Fue el peor aterrizaje que me tocó vivir aquí”, lo que es mucho decir para alguien que desde 1999 guía en Everest y realiza este vuelo cada año.

Luego compartiríamos con Hernán la frase que suele repetir nuestro amigo Adrián Ariino: “La tranquilidad del ignorante”. Porque si bien transitamos la situación con algo de tensión, no logramos ser absolutamente conscientes del peligro por el que pasamos hasta que Willie, Damián y Fernando G. nos explicaron lo ocurrido sobre la base de su experiencia y conocimientos. Gracias a Dios estamos a salvo.

Nos tomamos un rato para hacer fotos y filmaciones de los aterrizajes que ocurren cada 15 minutos aproximadamente; estos avioncitos van y vienen todo el día cubriendo esta ruta tan cotizada por escaladores de todo el mundo.

Más tarde, con una alegría inmensa, comenzamos el trekking tan esperado! 56Km y casi 3000 metros de desnivel nos separan del Campo Base… Allá vamos!!!

 

Katmandú!!!

Nepal casi nunca se ve desde el aire al llegar a causa del Smog y para nosotros no hubo excepción. Luego de aterrizar una larga cola nos hizo la gestión de la visa mas larga de lo deseado. Cuando por fin salimos del aeropuerto nos esperaban Willie y Georgina junto al chofer de la camioneta y camino al hotel empezamos a vivir “el tráfico por katmandú”. Se maneja por la mano izquierda cosa que ya es bastante desconcertante para nosotros. En muchos barrios no existen las veredas o sea que en el mismo terreno convivimos peatones, motos, taxi-bicis, autos, camionetas y hasta en algunos casos colectivos.

En nuestro hotel, en el pintoresco barrio Tamel, acomodamos los bolsos y fuimos a comer algo para no perder el ritmo que traemos desde el vuelo de Qatar. En el camino empieza a llamarnos la atención el “ordenado” desorden con el que todo ocurre. Pienso en Neuquén y que uno puede ver un choque cada 10 minutos y no logro entender como manijas de freno de motos, rodillas de cristianos (o budistas o hindues), paragolpes de autos y ruedas de bicicletas pasan a milímetros unos de otros sin un solo “toquecito”.

Por la noche comimos “asado argentino” que no tenia mucho ni de asado ni de argentino pero sirvio para juntarnos alrededor de algo de carne con ensalada nosotros dos, Georgie, Damian y Willie para ir teniendo las primeras charlas sobre la expedición. Llegamos a la noche con mucho esfuerzo sin dormirnos siguiendo las recomendaciones que traíamos para superar rápido el efecto del cambio horario. Lo proximo que nos proponiamos era dormir hasta la mañana, pero a partir de las 3am en la oscuridad de la habitacion ya se sentian respiraciones de humanos despiertos. A las 4am dialogos cortos. A las 5 am chistes y carcajadas. No conseguimos el objetivo así que para matar la ansiedad empezamos a dividir el equipo que llevaremos durante el trekking y el que no veremos por dos semanas ya que viajará antes que nosotros a Luckla para estar pronto en el campo base.

Video: en las calles de Katmandú