25/05/2012. La cumbre y el regreso a Campo 4.

(En letra verde la mirada de Fer. En letra negra la mirada del Pampa).

Hace unos días en este mismo blog …

¿Y después? ¿Y si termino por jorobar el ojo derecho? ¿Cómo bajo? Uno de los coreanos que yacía tirado al lado de nuestro camino aparentemente había muerto porque no pudo regresar a Campo 4 a causa de una ceguera, tal vez similar a la mía…

Bueno, pero capaz que…

Continúa…

¿Qué? Nada.

Soy totalmente consciente de lo que ocurre. Y de lo que debo hacer.

-Tendi!, grito, para vencer el sonido del viento, mientras le hago señas de que no sigo. Lo llama por radio a Guillermo, que está unos metros adelante. Cuando llega le digo “Veo todo blanco con un ojo, y borroso con el otro”. Me quita nuevamente las antiparras y dice “Más el izquierdo que el derecho?”. Sí!. “Tenés la córnea congelada, y el derecho está en eso. No es grave pero tenés que bajar ya.

Pablo estaba detrás de mí, observando, y dice “Sí, tenés los ojos raros”.

De inmediato dimos la vuelta, Tendi, Phurba y yo. Desandamos la travesía hasta la Cumbre Sur y comenzamos a subir ese cono puntiagudo y nevado. Tendi me precede. Voy vinculado a él con una cuerda a modo de seguro para que yo no tenga que cliparme a la cuerda fija. Phurba, detrás.

Toda mi atención está puesta en los pies para pisar firme y no caer. A partir del momento en que me di cuenta de esta ceguera momentánea y avisé, mi mente se adecuo mecánicamente a la nueva situación sin necesidad ni tiempo de lamentos, bronca o emoción alguna. Así como hasta este momento estuve “programado” para ir a la cumbre sin dudar ni temer una sola vez, desde aquí en adelante el nuevo objetivo es llegar lo antes posible y por mis propios medios a Campo 4. Me quedaban varias horas, importantes pendientes y un terreno mixto de roca y hielo por delante.

Lo sé. Cuento con Tendi, en quien confío 100% y Phurba, casi un desconocido para mí. El viento helado sigue colándose por mis antiparras y causando el mismo efecto sobre mis ojos. Está claro que hasta llegar a Campo 4 y meterme en la carpa mi vista no va a mejorar; así que debo apurar el retorno lo más posible.

 

Cumbre pricipal y escalon hillary desde cumbre sur

Cumbre principal y Escalón Hillary desde Cumbre Sur (lugar de donde vuelve Fer)

Ya había quedado atrás la tensión de esperar en campo 4 a que el viento afloje; ya habían quedado atrás los momentos de nervios al ajustar cada detalle, comenzar a caminar y abandonar la “seguridad” y el “confort” del campamento.  Habíamos superado de algún modo el impacto de pasar caminando al lado de 5 cuerpos congelados.  La noche larguísima de marcha también ya era parte del pasado y la luz, aunque el sol aún no calentara del todo, siempre hace que uno vea cada detalle de una jornada dura con una mirada más optimista.

En todas esas horas de marcha mi mente funcionó de la manera más eficiente y positiva que recuerde en mi vida. Sólo cuando escuché a Willie decirle a Fer apenas arrancando “A este ritmo no llegas, seguimos hasta el balcón y si no vas más rápido te volvés” me quedé enganchado más rato del que hubiera querido en la preocupación de que alguno de los dos tuviera que volver demasiado pronto.  Pero también eso ya era pasado.

LA CUMBRE SUR YA ESTABA A NUESTRAS ESPALDAS Y DESDE AHI VI POR PRIMERA VEZ LA CIMA DEL MUNDO, LO QUE TANTAS VECES ME HABIA ENCANTADO AL VER LAS FOTOS!!!

Mirando la cumbre principal me vinieron a la cabeza otras montañas en las que me quedé muy cerca de llegar, me vino a la mente el Aconcagua y mi regreso anticipado el día del ataque final.  Aunque me preguntara y me pregunte ahora “¿Qué carajo tiene que hacer este pensamiento acá?” esa imagen se hizo presente y me la sacudí como quien espanta una mosca!

Maquinalmente empecé a repetir como un mantra: “Estás ahí Hernán, la estás viendo, esta no se te escapa” y era como si repetir una y otra vez eso me blindara mi cabeza de ocurrencias negativas y a la vez hacía que el cansancio y agotamiento que era ya tremendo, se convirtiera en algo irrelevante al sucederse uno tras otro el “ Estás ahí Hernán, la estás viendo, esta no se te escapa“.

Apenitas abajo de la cumbre sur paramos por un poco de té y aproveché a comer el gel (con glucosa) que me quedaba de los dos que había cargado para salir a la cumbre (el anterior lo había usado en “El Balcón” muchas horas antes).  Consulté con Tendi como estaba de oxígeno y me dijo que había suficiente para seguir con ese tubo.  Le pregunté a Fer como estaba y no fue muy efusivo en su respuesta.  Estábamos altísimo y muy cansados.  “Tampoco voy a esperar que me responda con bombos y platillos en estos momentos” pensé, aunque no es común verlo a Fer poco expresivo.

Volví a andar unos pasos detrás de Willie asumiendo que atrás nos seguían Tendi, Fer Grajales, Pablo y Fernando.  Recorrimos una pequeña travesía bastante expuesta hasta frenar en un lugar que permitía estar detenidos y seguros.  Estábamos a un paso del Escalón Hillary y mucha gente se veía bajando.  Willie decidió parar en ese lugar bastante amplio que nos ofrecía la posibilidad de estar “cómodos” hasta que ese tradicional “Cuello de botella” en la ruta se desocupara de gente.

Estábamos con Fernandito G., Funuru, Phurba y Willie cuando llegó Pablo y dijo “Fer está medio jodido, no sé si puede seguir“.  Willie cambió unas palabras por radio con Tendi que estaba apenas unos metros más abajo y volvió hacia el lugar donde acabábamos de estar parados (Lo omití antes pero no era un detalle menor: Debajo de la Cumbre Sur donde habíamos parado a descansar asomaba de una gran cresta de nieve una pierna del cuerpo de otro escalador que había fallecido 5 días antes, el sexto cuerpo que cruzábamos).  Decía que Willie bajó a ver qué pasaba con Fernando mientras nosotros esperábamos en el mismo lugar a la expectativa de lo que ocurría a pocos metros, aunque fuera del alcance de nuestros ojos.  Una pequeña curva que hace la ruta nos impedía ver.

Fer se baja, tiene congelada la cornea” dijo Willie al volver.  Los miró a Funuru y Phurba y agregó “Tiene que ir uno más a ayudarlo a Tendi, decidan ustedes quien baja“.  Los dos sherpas se miraban y no hablaban.  En medio del silencio solo dejaron de mirarse para dirigir la vista hacia la cumbre.  Estaba claro que la cercanía a la cima, el hecho de casi estar ahí y tener que regresar sin pisarla era lo que pasaba por ambas cabezas.  Se seguían mirando sin decirse palabra y Fer Grajales que entendió lo mismo que todos le dijo a Willie:  “Guille ¿y si los dejas ir a la cumbre y que bajen rápido para alcanzar a Tendi y Fernando?“.  Willie ni siquiera lo consideró (o tal vez ya lo había considerado antes y tenía la decisión tomada), “No, uno baja ahora“.

Y en ese momento, sin que mediara palabra Phurba empezó a bajar para encontrarse con Tendi y Fer.  Insisto en que no cambiaron ni una sola palabra los dos sherpas porque fue un momento de esos duros,  donde hay que decidir y los involucrados se juegan muchas cosas.  Uno de esos instantes que con el tiempo uno preserva con lujo de detalles en la memoria.  Para los sherpas es algo realmente importante tener la posibilidad de estar en el grupo de cumbre y cada cima les suma prestigio y de la mano de eso mejores posibilidades laborales en próximas temporadas.

Hoy pienso que en medio de esas miradas silenciosas Funuru fue el que siguió hacia la cumbre porque no había estado nunca en la cima, cuando Phurba sí. Lo supongo aunque nunca se los pregunté y sería interesante poder confirmar con ellos el por qué de esa decisión.

Yo nunca vi ni hablé con Fer en esos momentos de decisión porque estaba unos metros más arriba.  Cuando Phurba salió hacia abajo, otra vez a cargarle información de urgencia a mi cerebro.  Mi hermano ya no estaba conmigo y faltaba tan poco!  Necesitaba reprogramarme urgente:

Fer tiene un problema pero ya está bajando“.

No hay uno sino dos sherpas para dar una mano si algo se complica“.

Tendi y Phurba son súper fuertes“.

Ni bien empiece a descender el ojo se le va a poner mejor“.

De todo esto que metí urgente en el “chip” puedo decir que a excepción de lo último, todas las otras eran verdades incuestionables. Sobre la mejoría del ojo no podía ni saberlo ni hacer nada al respecto por lo que decidí pensar la opción positiva. Hacer lo contrario me hubiera complicado en esta situación en la que iba tan al límite. Físico y mental.

En la última travesía hacia la cima, la nieve y el hielo forman como labios que se asoman al Tíbet.  Antes de superar el Escalón Hillary por algún motivo me imaginé que era una sola de esas salientes o labios y que esa era justamente la cumbre.  No era así. Fueron varias de esas formaciones que dejamos atrás y por momentos creí que serían infinitas.

Willie empujaba cada vez más con su ritmo y al estar vinculados por nuestros mosquetones de seguridad me obligaba a empujar hacia la cumbre a la par.  Lo sostuve por un buen rato sabiendo que era la manera de llegar, de no demorar más el momento tan ansiado, hasta que ya no pude más mantener lo que para mí era como estar trotando a 8800 metros. Y estar trotando luego de marchar en estado de tensión durante las pasadas 12 horas.

Willie, bancá un toque.  Me estalla el pecho!“.  Me miró y creo recordar que le causó gracia mi expresión porque en mi memoria quedó un rostro que sonreía. Un rostro que decía que se podía parar un toquecito para recuperarme, que no era grave, porque al fin y al cabo ya estábamos ahí.

Ultima travesia a la cumbre

Última travesíaa a la cumbre

Y así era.  Ni bien retomamos la marcha pude ver que el blanco del hielo que hacía rato era lo único que veíamos, rompía su monotonía por primera vez con un montón de telas amarillas, azules, rojas, verdes……..LA CUMBRE!  En ese solo segundo pensé “Ahí vienen, ahí vienen…. las lágrimas” y ni una gotita salió!  En esa espera del llanto que jamás iba a llegar, lo que sí vino fue una sensación de sacarme de encima un enorme peso.  Como si en un instante hubiera pasado un rayo por mi cabeza. Sólo un instante en que dije “Viste que sí podías, cabezón.  Y casi que te crees eso de que no podías cuando no lograste cumplir con llegar al campo 1.  Y Casi que te crees que no podías cuando no pudiste llegar al campo 3, cuántas veces estas semanas casi te crees que no podías?  Menos mal que no  lo creíste!  Acá estás!

Sólo un segundo, en que me sacudí todo ese peso que sentía en mis hombros, y a continuación cumplir con los protocolos como si fuera sólo eso, procedimientos que se cumplen paso a paso sin apartarse un centímetro de lo establecido.  Se empieza a bajar sin perder un segundo! Abrazos. Saludos.  Un par de autofotos estirando el brazo porque no había que perder un instante, y a bajar.

Solo me aparté de ese protocolo como a la fuerza “Che! Esto no se va a repetir, ponele un poco de onda a la cosa“.  En ese momento y de alguna manera obligándome a parar a pensar y dimensionar el logro dije “Loco! en este momento, en este instante, en todo el mundo no hay nadie más que vos y tus 5 compañeros de expedición más alto en todo el planeta Tierra“. Sólo eso, me impuse tomar conciencia de ese segundo único, mágico. Y el protocolo volvió a tomar el control de todo.  Hay que bajar rápido, hay que bajar sin relajarse, toda la zona del Escalón Hillary es un lugar donde nadie quiere tropezarse, pisar mal o caerse y lo que venía más abajo si bien era menos complejo técnicamente también requería que el nivel de atención no disminuyera ni un poquito.  Era indispensable seguir enfocado en cada paso durante las siguientes 5 ó 6 horas.

Hernán en la cumbre, el Makalu al fondo

Hernán en la cumbre, el Makalu al fondo

El grupo en la cumbre

El grupo en la cumbre

Antes decía que no hubo ni una lágrima y hoy pienso que seguramente hubiera llorado a baldes si ahí hubiera estado el flaco! La profunda e incomparable alegría que sentí en la cumbre no trajo lágrimas aun cuando mi felicidad era insuperable.  Siento que algo en apariencia más simple, más sencillo, como la complicidad con Fernando, un guiño o un abrazo hubiera hecho que llore un lindo rato.

Ahí estaba Willie. Estaban Pablo y Fer que habían sido dos leones como compañeros míos durante 2 meses, estaban dos de los sherpas de nuestro equipo, pero si hubiera estado Fer, en ese abrazo hubieran confluido 10 meses de trabajo haciendo cosas que nunca jamás habíamos hecho.  Hubiéramos estado sabiendo cuánto le había costado a cada uno el laburo de todos estos meses de sueño. Cada día, agotados en la barda en que nos desafiábamos a dar más en medio de alguna cuesta empinada.  Llegando casi sin resto al final de una pasada un: “Dale bro! Hacé de cuenta que estamos en el Collado Sur!” o mientras pedaleábamos una y otra vez hacia arriba la misma cuesta y al cruzarnos, uno para arriba y otro de bajada, volaba un grito “Cumbre Surrrrr!!!” o “Escalón Hillaryyyyyy“, aún cuando para eso faltaran meses y estuviéramos sólo entrenando en Neuquén.

Por todo esto, por tantas cosas más, porque me cuesta pensarme en esa cumbre de no haber formado el equipo que formamos con Fernando, no sólo siento que hubiera llorado con su abrazo sino que también veo con claridad que al seguir sin Fer simplemente tomé la posta y recorrí por los dos los metros que nos faltaban hasta el “Techo del Mundo”.

Apenas hicimos unos pasos hacia abajo, dejamos atrás a Fer Grajales y Pablo Betancourt que luchaban con equipos de video que se congelaban uno tras otro intentando filmar mientras pintaban la última patita de la letra “E” de la bandera de Facundo “Donar sangre salva vidas”.

Willie se detuvo y metió un puñadito de piedras en el bolsillo y verlo me impulsó a hacer lo mismo. Metí también en un pequeño recipiente todo lo que pude apretar de nieve, le puse la tapa y lo guardé en el bolsillo.  Seguimos la bajada que sería muy larga.

Venía muy cansado, a pesar de ir ya en bajada. Se lo adjudicaba a tantos escalones y pasos complicados que exigen al físico esfuerzos más explosivos (y se suceden casi todo el tiempo entre la cima principal y la Sur).  A cada ratito paraba a recuperar el aliento. “Se te acabó el oxigeno” dijo Willie en una de esas paradas y me pasó su tubo para seguir avanzando, él sin la máscara hasta que Funuru Sherpa le pasó otro tubo llegando a la Cumbre Sur.

Luego, el larguísimo filo que a la subida habíamos transitado en medio de la oscuridad, ahora con luz para apreciarlo aunque en ese punto de cansancio, en una jornada tan dura, pareciera que lo único que se puede disfrutar es llegar al campamento… y faltaba tanto!

Cuando veíamos ya el “El Balcón”, Willie se detuvo a colocar un par de tornillos en la roca y Fer Grajales lo ayudó al llegar.  Estábamos arriba de los 8000 metros y los dos mejoraban anclajes que seguramente serían usados recién en 2013 al instalar cuerdas para esa temporada.

Usando un taladro colocaron 2 tornillos (se llaman “parabolt”) y lo que era un rapell comprometido debido a malos seguros en la roca pasó a ser algo confiable.  Los primeros bajaron, usando la placa para rapellar, con las cuerdas que seguían en los viejos anclajes y en algún momento cambiaron las cuerdas a los nuevos tornillos.  Supongo que en esa maniobra se cruzaron las cuerdas de algún modo que yo no vi.  Comencé a bajar y lo hice hasta la mitad de la pared, hasta que mi cuerda se quedó cruzada con la otra. Llegó un punto en que ya no podía seguir descendiendo por ese enredo. Intenté recoger la cuerda que me bloqueaba desde abajo pero estaba trabada o no tuve fuerza suficiente.  A esa altura, con el cansancio que tenía, la respiración agitada que no me permitía pensar, me propuse resolver la situación con la mayor calma posible aunque mi primera reacción fue un “Estoy en el horno!!“.  Recibir asistencia de alguno de los sherpas o del guía implicaría hacerlos volver a subir que tuvieran que hacerlo por la otra cuerda.  La solución era cambiarme desde la cuerda donde estaba vinculado hacia la otra, que justamente me estaba trabando el descenso.  No tenía que ser complicado, había hecho esa maniobra antes en muchas prácticas. “Pensá en lo que aprendiste en los cursos“. “Lo hiciste en los cañadones de El Chocón“, me decía a mí mismo.

Necesitaba hacerlo calmado. Saqué el Jumar (freno) que tenía en el arnés y lo coloqué en la cuerda, duplicando la seguridad (ahora estaba vinculado entre mi arnés y la cuerda por la placa de descenso que venía usando y por el Jumar que agregaba).

Me saqué los mitones y los puse dentro del mono de pluma (nada debía caerse) para poder quitar la placa de la cuerda que requiere bastante precisión y sensibilidad en los dedos. Tenía presente que las dos cosas que no se me debían escapar eran: No dejar de estar asegurado nunca con alguno de los dos elementos a alguna de las dos cuerdas y no se me debía caer la placa mientras la retiraba de una cuerda para armar el rapell en la otra.

Lo hice!  Me felicité en voz baja y recorrí la otra mitad del rapell en la nueva cuerda. Seguí camino para reunirme otra vez con mis compañeros, y con Migna que aguardaba en la base de la pared expectante. Quizá todo eso fueron sólo unos instantes a los que les doy excesiva relevancia, pero reflexioné mucho sobre el asunto porque requirió mucha calma en el momento que sentía que la cosa se me ponía negra y porque me puse a pensar lo duro que debe ser descender exhausto en rutas y montañas técnicamente más complicadas o bien hacer estas maniobras cuando la noche o el mal clima alcanza a los montañeros que vienen en plena retirada de la cumbre.

Desde el Campo4 a la cumbre

Desde el Campo4 a la cumbre

En mi recuerdo del último tramo quedan una sed muy pero muy intensa y en cada pequeño descanso pedía agua a quien fuera que me cruzara con desesperación.  Recuerdo haber chupado el hielo que se formaba en mi mono de pluma (en el pecho) producto de las exhalaciones al respirar. Recuerdo que Fer Grajales me pasó algo de jugo en el Balcón. Recuerdo haber tomado algo de té que me pasó uno de los sherpas.  El Campo 4, en el Collado Sur, ya se veía pero a veces cuánto peor es ver el destino!  Sentía que caminaba y caminaba pero me parecía no acortar distancias.  En la zona rocosa estaba al final del grupo, junto a Willie. Tropecé un par de veces. Usaba ese ratito cuando iba a parar al suelo de la misma manera que los boxeadores cuando van a la lona y aguardan hasta que el árbitro cuenta hasta 9 para usar cada segundo en descansar y reponerse.

En este tramo volvimos a ver cada uno de los cuerpos congelados que habíamos pasado a nuestro lado en el ascenso nocturno, excepto el que se encontraba en la cuerda y que debimos rodear.  Este ya había sido retirado.  Al final del terreno con mucha pendiente nos esperaba Damián con algo de agua y un par de caramelos.

El resto del descenso fue costoso y rápido, dadas las circunstancias.

Faltando media hora nos alcanzaron algunos de los chicos que hicieron cumbre. Entre ellos Pablo, que me hizo el aguante un buen trecho, permitiéndome apoyar mi mano derecha sobre su hombro. No descargaba ningún peso sobre él, era más bien un apoyo moral, anímico. Sentir que iba al lado de un amigo me daba fuerza. Llegamos al fin!

Pablo me dio una mano para quitarme las botas, controló el nivel de oxígeno del tubo y se fue a su carpa, mientras yo entraba en la mía. Me metí en la bolsa de dormir, cansado pero atento al más mínimo indicio de la llegada de Hernán, que suponía inminente.

 

Seguimos recorriendo los metros restantes hasta las carpas mientras consumía mis últimas gotas de energía. Ayudado por Tengba (quien había aguardado en el Campamento durante todo el día) me saqué los grampones, el arnés y mientras iba a mi carpa casi por inercia, al encuentro de Fer, saludé a Pablo Betancourt que se asomaba por la puerta de su carpa.  Recibí de él en ese momento la primera felicitación, el primer indicio de que me había enfrentado a algo muy duro y que lo había logrado.  Le dediqué un gesto triunfal muy pretencioso, como queriendo demostrar un mejor estado general que el real.

Hernán Llegando a campo 4

Hernán Llegando a campo 4

Qué lindo volver a ver caras conocidas, era como regresar a los códigos de esta expedición tan larga. Era como haber viajado a otro planeta donde nada era igual a los 55 días anteriores, otro idioma, otra atmósfera y estar volviendo ahora a la Tierra. Fue lindo saber que ya no debía caminar más por este día tan pero tan demandante. El día más duro de mi vida en la montaña. Pero lo más lindo de todo fue sentir el cierre de la carpa y verlo a Fernando asomándose para felicitarme.

 Reencuentro Hernán y Fer

Reencuentro Hernán y Fer al llegar. Antes del Abrazo!!!

No podía ser de otra manera, no iba a ser de otra manera! Él estaba más feliz que yo por mi cumbre, que era nuestra, y también, con lo último de energía que le quedaba, me dio el abrazo más fuerte de los miles que me ha dado en tantas montañas. Volvíamos a estar juntos. Volveríamos a compartir la carpa en la noche más alta de nuestras vidas. Estábamos Agotados! Pero juntos, seguros y felices.

 

 

 

24/05/2012. La etapa final.

En síntesis, hoy vamos a Campo 4, llegamos tipo 15hs., descansamos e hidratamos un rato y tipo 20hs salimos hacia la cumbre. 12 horas de marcha, cumbre y volvemos a Campo 4 en 5hs más. O sea, arrancamos en Campo 3 a las 6am y esperamos estar en Campo 4, cumbre mediante, a las 13hs del día siguiente.

Pero vamos por partes.

Nos demoramos un poco en salir de Campo 3 y eso hace que otros escaladores nos ganen de mano. El problema es que van más lento que nosotros, y no podemos adelantarnos en la pared de hielo. Tendríamos que ir “desclipando” el mosquetón de seguridad cada vez que fuésemos a adelantar a alguno y eso implicaría una exposición grandísima al abismo. Entonces Guillermo nos hace desviar hacia un costado, donde hay una plataforma tallada, evidentemente de una carpa que ya no está.

Allí esperamos unos 30 minutos, hasta que quienes marchan delante de nosotros se alejen un poco. Estamos en lo que se llama Campo 3 superior, unos 200 metros más arriba de donde dormimos.

En ese tramo recorrido recién pudimos ver restos de las carpas que se llevó la avalancha de hace unos días atrás. Retazos de tela, varillas de aluminio retorcidas son los testigos del caos. Imposible no pensar “Y si hubiera sido yo quien estaba allí dentro cuando ocurrió el desastre?”… El destino.

Retomamos la marcha, primero derechito hacia arriba, exigiendo piernas y pulmones a full. Más tarde, giramos hacia la izquierda, cruzando las “Bandas Amarillas” –un tramo de rocas con esa tonalidad- y pasamos por debajo de “La tortuga” hasta que nos enfrentamos al mítico “Espolón de Ginebra, o de los ginebrinos”.

Mezcla de roca y nieve, podría ser un monte en sí mismo, pero enclavado en la inmensidad del Everest, Lhotse y Nupse queda relativamente tan pequeño que apenas llega a llamarse “Espolón”.

Lo subimos. La pendiente se va pronunciando hasta ponerse casi vertical sobre el final, y el premio al esfuerzo es que, asomados a su filo superior, vemos que debemos continuar por una travesía suave, de muy poca inclinación.

Y casi nada de nieve, piedras sueltas en su mayoría, por lo que paramos a quitarnos los grampones para caminar más seguros. Antes de seguir miramos hacia la izquierda… 1000 metros de un “tobogán” de hielo, la famosa “Cara del Lhotse” pero esta vez desde arriba, como nunca antes la habíamos visto. Hermosa. Impactante. Atrayente… pero gracias, preferimos seguir nuestro plan original!

Casi 8 horas demoramos en llegar a Campo 4, donde las carpas se ubican sobre una planicie de piedras, algo muy parecido a un paisaje lunar, azotado por el viento que transita sin obstáculos por ese lugar llamado “Collado Sur”, de un lado Nepal, del otro Tibet.

Tomo unas fotos, filmo y me quedo agazapado al ladito de mi carpa, protegiéndome de las ráfagas, esperando que llegue Hernán para filmarlo y fotografiarlo. Otra vez nos abrazamos celebrando los casi 8000 msnm y un pasito más hacia la cima.

Rapidito nos metemos en la carpa para no tomar más frío; felices, eufóricos. “Ya estamos, bro!”, “Ya lo tenemos!”.

Mientras hidratamos se nos ocurre filmar unos videítos con la bandera argentina, con la de mi Universidad y, en secreto, también uno con la bandera “Las Malvinas son Argentinas”, que hace rato no usamos porque los Benegas nos lo prohibieron. Este  punto, como muchos otros, forma parte del “lado oscuro” de la expedición, que tal vez algún día contaremos.

Por lo pronto, exultantes, hacemos esos videos y cada dos minutos nos miramos casi sin poder creer lo que estamos viviendo. Y juntos, que es lo mejor que nos puede ocurrir! ¿Suena raro? Si nos habrán gastado los muchachos en Neuquén con eso de “Secretos en la montaña”!!! Pero cualquiera que ande en estas aventuras sabe lo difícil que es congeniar con alguien. Se requiere confianza extrema y la seguridad de que se va a disfrutar de las mismas cosas, con similares expectativas, intereses, etc. Casi como en una pareja, es cierto! Jajajajaja.

Se acerca Tendi y nos habla de cómo será la última parte, con mucho cariño, como es su estilo. Lo primero que nos advierte es que vamos a ver a varios de los que fallecieron 5 ó 6 días atrás ya que sus cuerpos aún permanecen allí. Nos dice que no nos preocupemos, que si hacemos todo lo que debemos no nos va a pasar nada malo. Sutilmente le pregunto a Hernán si eso lo afecta, y me responde que no. Ok, coincidimos, son cosas que pasan. Segundo: que le avisemos cualquier dificultad que tengamos, inmediatamente. Y una serie de recomendaciones más acerca del abrigo y el equipo.

Por ahí desliza un “Mi misión es que ustedes vuelvan seguros con sus familias” que nos hace emocionar porque sabemos que no es sólo una frase sino su vocación. Hace casi dos meses que Tendi Sherpa nos acompaña en cada etapa del ascenso, motivándonos, ayudándonos, instándonos a superar cada dificultad… Y cuando algún tramo se nos hizo imposible en el primer intento, ahí estuvo él para decir “No te preocupes, te prometo que mañana te acompaño de nuevo y vas a ver que lo lográs”. Un ser increíble.

Aparece Guillermo diciendo que salimos a las 20hs.

Nos preparamos, nos vestimos por completo dentro de la carpa, excepto los grampones. Queremos descansar los últimos minutos pero es imposible, el viento sacude la carpa con furia y la ansiedad completa el cuadro.

Llega la hora, hay que salir nomás! Queremos comernos lo que nos falta de la montaña, y a la vez el propio instinto llama una vez más a quedarse a resguardo, a no exponerse.

Por un momento todo es algo caótico porque ya es totalmente de noche, hay que ponerse el casco, la máscara de oxígeno, ajustarse los grampones, colocarse los mitones de pluma, todo en medio de viento y frío tremendos.

Gritos de “Apúrense! Nos vamos!”… Uy, la linterna! A sacarse el casco y sujetarla a él. Previamente, sacarse los mitones porque sino es imposible manipular nada. Listo, todo acomodado… No! Las antiparras! Aunque es de noche son necesarias para proteger los ojos del viento helado y los cristales de hielo y nieve que vuelan. Otra vez, quitase los mitones, el casco, ponerse, ahora sí, las antiparras y nuevamente casco, guantes… Por Dios! Qué nervios!

Listo? Mmmm… Guillermo se enoja –una vez más- y revolea el casco de Hernán. No tengo idea qué pasó, pero por las dudas me quito el mío (como si fuera tan fácil!). Escucho que le dice algo acerca de las antiparras así que me las quito también y las guardo a mano. Figúrense todo esto de noche, a 8000 metros, viento, frío, caos… Agotador!

Finalmente arrancamos, primero Guillermo, Hernán, Tendi y yo. Pablo y Fer G. salen unos minutos después. Delante nuestro puede verse la hilera de luces de las linternas frontales de los grupos que arrancaron antes.

Todo es cuesta arriba, con fuerte pendiente, en terreno mixto de roca, hielo y nieve. Adelante van Guillermo y Hernan, unos metros más atrás Tendi y yo. Sabemos que la cumbre está 12 horas más adelante así que vamos a paso lento, cuidando el cuerpo.

No había transcurrido más de hora y media de marcha cuando pasamos por al lado –tuvimos que desviarnos levemente de la trayectoria que llevábamos para evitarlo- del primero de los escaladores que murieron hace un par de días… El haz de luz de mi linterna hace destellar las partes reflectivas de sus botas e ilumina el cuerpo completo del hombre que yace allí… Pensé que estaba preparado, que no me iba a afectar.  No fue así.

Realmente me impresionó verlo recostado, con todo su equipo puesto, casi igual a cualquiera de nosotros. Mismas botas LaSportiva, mismo mono de pluma rojo…

Poco más adelante, otro, y otra; me encuentro justo delante de un cuerpo envuelto en una bandera canadiense y sé que se trata de una chica de 33 años porque hace dos o tres días se supo que su padre ofrecía u$s 30.000 para recuperar el cuerpo.

Asi, hay 4 ó 5… El coreano, el alemán, la canadiense… recostados, dormidos, abandonados por sí mismos, a pocas horas de Campo 4. Y es que a 8200 msnm si uno no pone mucho de sí para sobrevivir los demás no pueden hacer demasiado. Todos están expuestos a las mismas condiciones extremas y se requieren demasiadas personas para ayudar a una sola si no colabora.

El campamento de los coreanos en Campo Base estaba cerca del nuestro, así que sabíamos que el origen de sus problemas había sido la pérdida de la vista, y los demás aún no se sabe a ciencia cierta, aunque quitando tormentas, avalanchas, y desastres naturales la causa más probable es el cansancio extremo. Uno se detiene a descansar un momento, la fatiga provoca somnolencia, la temperatura corporal baja drásticamente por la quietud y el estado de hipotermia hace lo demás.

Días más tarde, charlando con Hernán, coincidimos en que la escena nos impactó más de lo esperado. Pensar que vinieron a cumplir un sueño, una meta, un objetivo, lo que fuere. Que decenas, cientos o miles de personas estarían siguiendo sus pasos, acompañándolos, esperando noticias, orgullosos, felices, temerosos… Amigos, familiares, extraños seguidores de su aventura… Uff! Qué fuerte!

 

Continuamos sin detenernos, hasta que en un momento Guillermo me espera y dice “Fernando, a ese ritmo no llegás a la cumbre a la hora programada así que apurá o te hago volver. Vamos a seguir hasta “El Balcón” y ahí vemos”… ¿¿¿???… No sabía si se trataba de una cabronada más de Willie o si realmente venía demasiado lento. En ningún momento vi que se alejaran más de 20 ó 30 metros de mi posición. Totalmente desconcertado, apuré el paso, por supuesto.

El nuevo ritmo no me resultaba “cómodo”, me sentía fuerte muscularmente pero el aire no era del todo suficiente, como si no pudiera inspirar todo lo que necesitaba. Tampoco me preocupé demasiado: Everest, 8500msnm, bla, bla, bla, no iba a pretender estar igual que el diseñador de hebillas Black Diamond, en su reposera del Caribe…

Pasamos el bendito “Balcón” sin novedades, y cuando una delgada línea de luz comienza a insinuarse en el horizonte –a las 4:30am aprox.- Tendi me dice que me coloque las antiparras.

Con la máscara de oxígeno y el esfuerzo las antiparras se me empañan bastante: es algo muy común pero la regla de oro es NO hacer lo que instintivamente uno atinaría: separarlas del rostro para airearlas… Prohibido! ¿Por qué? Porque a -30ºC esas pequeñas gotitas de vapor condensadas en la parte interior de la lente se congelarían  al instante y sería imposible limpiarlas. Además, ese movimiento haría entrar mucha luz directa del sol más la que se refleja en el hielo, lo que si se reitera, suele convertirse en una de las principales causas de ceguera en la montaña.

Me las aguanto, aunque veo poco. Me cuesta ver dónde poner los pies a cada paso, voy como tanteando hasta encontrar un punto de apoyo adecuado. Eso me cansa muchísimo, pero sigo firme.

Como en tantos otros momentos, es la mente la que manda. Puede llevarnos hasta lo más alto o impedirnos dar el más mínimo paso. Lo bueno del montañismo es que uno aprende a conocerla, a saber cómo piensa y actúa en determinadas circunstancias. Eso es crucial para sobreponerse a las dificultades, controlar ansiedades, multiplicar energía y motivación, etc.

El autoconocimiento que uno logra en la montaña, cuando se vive intensamente, es profundísimo! Y lo mejor: es directamente aplicable a la vida cotidiana!

Te invito a que te animes a hacerlo. Empezá por una caminata, algo simple, breve. En lo posible, en silencio. Acompañado si querés, pero en silencio; respirando profundo, al ritmo de tus pasos; atento a todos los aromas que logres percibir, no importa si son ricos o no porque son los que la naturaleza brinda para vos en ese instante; escuchando el sonido de tus pasos (nada de mp3, ni ipod, eh!), el de los pájaros y el viento; mirando dónde poner cada pie, y sin perder de vista las maravillas que te rodean: árboles, arbustos, flores, yuyos, arroyos, piedras, tierra, un nido, un hormiguero, mariposas…

Si después de eso no sentís que aprendiste un poco más acerca de vos mismo… volvé a empezar! Te aseguro que cuando lo consigas serás más feliz que antes!

 

Llegamos a la cumbre sur!!! Es un punto de referencia de los más importantes!!! Qué cerca estamos!!! La pasamos; lo que sigue es una travesía algo compleja, mezcla de roca, hielo y nieve… Qué importa! Ya casi estamos arriba de todo! Falta nada!

Bueno, en realidad falta el “Escalón Hillary” que tiene su dificultad, pero según el Topo Deza, amigo de Bariloche que subió en 2010, es cuestión de darse maña nomás, y luego unos metros hasta la tan ansiada cumbre.

 

Arrancamos otra vez, luego de una breve paradita bajo la cumbre sur, y encaramos  la travesía. Realmente veo muy poco ya, y pienso “Limpio las antiparras y si se congelan me pongo los lentes”.

Levanto las antiparras de mis ojos y… tampoco veo! Apenas un poco borroso con el ojo derecho, lo demás todo blanco. No puede ser. Me coloco otra vez las antiparras y… nada. Me las vuelvo a quitar… igual.

“Tranquilo, Fer. Lo peor que podés hacer es desesperar”, pienso, aunque naturalmente me asusté.

Mierda. Tantas cosas pasaron por mi cabeza en un instante! Dos meses de expedición, todo perfecto, ni un solo resfrío…

Sé que faltan minutos, nada más… Yendo cerca del que va delante de mí, como para imitar sus movimientos, la puedo “pilotear”…

¿Y después? ¿Y si termino por jorobar el ojo derecho? ¿Cómo bajo? Uno de los coreanos que yacía tirado al lado de nuestro camino aparentemente había muerto porque no pudo regresar a Campo 4 a causa de una ceguera, tal vez similar a la mía…

Bueno, pero capaz que…

 

Altimetro en C4

 

Pablo llegando a C4

Pablo descansando antes del Espolón de Ginebra

Fer y Hernán en C4

Hernán llegando a la carpa en C4

Esperando un rato en C3 superior

Campo 2 visto desde Campo 3

 

 

 

22/05/2012. Día de descanso en Campo 2. 23/05/2012. Nuevamente a Campo 3, esta vez a dormir allí.

La duda: salir temprano para evitar el calor sofocante subiendo la cara del Lhotse, pero estar más tiempo en Campo 3; o arrancar más tarde y bancarse el sol de lleno, minimizando las horas de estadía en esas terracitas talladas sobre la pared de hielo.

Creo que ya les conté que C3 es un sitio no deseado por los sherpas. Ellos pasan derecho de C2 a C4. Y en estos días tuvimos la mejor fundamentación: una avalancha se llevó consigo toda una franja de carpas, incluyendo dos personas. Fue una desgracia con suerte porque casi todas las carpas estaban vacías en ese momento.

En fin, Guillermo decidió salir 6:00am. Apenas Hernán estuvo listo le dijo “Empezá a caminar”. Yo me demoré un poquito cerrando la mochi; cuando terminé arrancamos la extensa y suave pendiente hasta la cara del Lhotse.

En todo momento Hernán seguía delante nuestro, a paso firme, nada que ver con aquel día en que no encontrábamos explicación a su lentitud. Genial! Eso significa que su cabeza viene jugando a favor! Cuerpo y garra le sobran. La suma es perfecta.

Nos encontramos al pie de la pared para ponernos los grampones, hidratar y comenzar juntos la parte más dura. Hasta aquí veníamos usando bastones de trekking pero ya no nos serían útiles así que Guillermo nos los hizo dejar al lado de un bloque de hielo, para pasar a retirarlos 3 días más tarde, cuando descendiéramos de la cumbre.

Es muy común ver en cualquier parte de la montaña distintos elementos que la gente va dejando cuando no resultan necesarios de momento, para luego recogerlos en el regreso. Así, se ven grampones, guantes, camperas, mochilas, etc., sujetos a alguna estaquita, y nadie toca nada que no sea suyo…

Una vez más, Jumar, mosquetón de seguridad, puntas delanteras de los grampones clavándose en la pared de hielo que ya muestra ciertos “escalones” producto del tránsito de otras personas que pasaron antes (recuerden que estamos sobre finales de la temporada). Por momentos el calor aprieta y la respiración se hace más dificultosa aún, sin embargo estamos tan felices y motivados que no paramos hasta los 7115msnm en que llegamos a nuestra carpa, compartida con Pablo.

Como diría Hernán, más rápido que inmediatamente nos pusimos a “hacer agua” para hidratar. Hernán preparó el calentador mientras Pablo y yo nos alejamos unos metros para juntar nieve y hielo en una bolsa grande. Pablo piqueteaba la pared, cascando pedazos grandes y yo los partía en otros más pequeños para que entraran en la cacerola y se derritieran. Había que stockear lo más posible rápidamente antes que el clima empeorara, como todas las tardes.

Qué buen equipo! Me acuerdo cuando era chico e íbamos de campamento con amiguitos… siempre había que estar empujando a alguno para que vaya a buscar agua, juntar leña o armar la carpa… Qué bronca me daba!

En cambio acá todos nos ocupamos de algo y todo sale ok. Con Hernán esto lo tenemos recontra aceitado, y Pablo es un compañero incansable, siempre dispuesto, así que en un rato nos encontramos los tres dentro de la carpa, acomodados, con varios potes y termos llenos de agua.

Armamos picada y charlamos de la vida. Es uno de esos momentos inolvidables. Parece no tener nada de especial: una carpa, tres amigos conversando… Pero en realidad confluyen en el pequeño iglú tantas historias, expectativas, motivaciones, inquietudes, temores, deseos, ansias, dificultades, esfuerzos, proyectos…

Pablo vino a la expedición como fotógrafo y camarógrafo de Facundo Arana. Cuando éste lo contrató y Pablo confirmó su participación aún no sabía que Natalia, su esposa, estaba embarazada de apenas un mes. Es decir que hoy está aquí, a 12.000km de esa pancita que crece, empujando hacia la cumbre como el más bravo, cargando kilos y kilos de equipo fotográfico, trabajando sin descanso e ingeniándoselas para armar algo creativo sin Facundo, que iba a ser la figura central y de por sí le daría contenido al producto. Charlamos bastante sobre Valentino (el baby que está en camino), la casita nueva del plan de viviendas que les están por entregar, la valentía y el acompañamiento de Natalia, su esposa… Qué momento intenso, eh!

Tomi y Luco tienen su carpa al lado de la nuestra. Están algo aburridos así que los invitamos a la tertulia loca que improvisamos a más de 7000 metros de altura, en una tiendita de campaña para tres personas, apenas apoyada en una terraza sobre una pared de 35º, de puro hielo, en el corazón del Himalaya…

Disculpen algunas repeticiones y digresiones, pero esto es muy fuerte! Los más montañeros estarán, tal vez, esperando datos más técnicos –que por supuesto les puedo brindar-, pero me es imposible no recaer en aspectos más íntimos y personales.

Varias veces me pregunto para quién escribo, si lo hago “para el blog”, para los familiares y amigos que esperan noticias, para dejar registro simplemente o… para mí mismo. No lo sé, por eso “divago” entre lo informativo y lo reflexivo!

Bueno, volvamos porque sino esto se pone demasiado “autorreferencial”, diría un amigo del alma allá en su despacho de la Facultad de Economía o en su escritorio de El Chaparral…

Tomi y Luco aceptan el convite así que somos cinco aquí dentro. Con estos dos no se puede hablar en serio! Y está buenísimo! Todo es risas, chistes y las típicas conversaciones de varones, que podemos pasar horas y horas departiendo sobre sexo y mujeres, o viendo quién gana el concurso de gases más alto del mundo. Hay temas de los abordados que jamás mencionaré por escrito pero les aseguro que hasta lo más inverosímil aquí se hace presente como lo más común.

La tercera carpa la ocupan Fer G., Damián y Guillermo.

Así pasamos las horas hasta que comienza a oscurecer. Tomi y Luco se van a su tienda, y nosotros “cocinamos” un paquete de fideos con salsa “Sabor de reyes”. Se sumerge la bolsa aluminizada en agua hirviendo durante 10 minutos y listo! Riquísimo!

Le faltó un poquito de temperatura, y es que una cosa son 10 minutos de hervor a nivel del mar y otra aquí arriba. Como la presión es tan baja, el agua hierve a una temperatura sensiblemente inferior que a nivel del mar. Y una vez que “rompió el hervor” ya no se sigue calentando sino que se evapora, por lo que nuestra bolsita estuvo sumergida el tiempo que indicaban las instrucciones, pero no realmente a la temperatura necesaria para calentarse suficientemente su contenido.

Antes de dormir Guillermo nos reparte una botella de oxígeno, un regulador y una máscara a cada uno para que lo usemos por primera vez. De aquí hacia arriba la iremos regulando entre 0,5 y 3 litros por minuto de acuerdo al ritmo de ascenso, la dificultad, etc. Eso sí, prácticamente tendremos la máscara puesta las 24hs.

Fer en Campo 3

Tomi en Campo 3

 

Pablo, Hernan y Fer en campo 3

 

Pablo en Campo 3

 

Nuestras carpas en C3

Malvinas en Campo 3

Luco en campo 3

Hernan en Campo 3

 

 

21/05/2012. Comienzo del “Summit push” o “Empujón hacia la cumbre”.

Estaba despierto desde hacía rato. No sé si realmente pude dormir.

1:28am indicó mi reloj al oprimir el botón de su lucecita.

Estiré las vueltas en la bolsa de dormir hasta las 2:05am, hora en que llegó Shiva, uno de nuestros encargados de cocina, anunciando “Breakfast is ready”.

Anoche había dejado todo listo, incluyendo dentro de la bolsa de dormir unas medias e interiores (calza y prenda superior) para que estuvieran calentitos a la hora de vestirme de madrugada.

Eso hice. Primero la camiseta sintética más finita, luego otra un poquito más gruesa, la calza fina y las medias: dos pares muy finitos de nylon que por su textura suave ayuda a prevenir ampollas y un par grueso, de Thermolite.

El resto de las prendas las había dejado en una bolsa de consorcio a mi lado porque no entraban en la bolsa de dormir… Léase: estaban bien fresquitas! Ánimo!

Cubre pantalón de Ultrex (medio viejito, pero todavía zafa) y camperita de Windstopper. Por encima iría otra capa de Gore Tex que por el momento dejo en la mochila. Ajusto los tiradores del cubre pantalón y me calzo los escarpines interiores de las botas, todo dentro de la carpa, tratando de prolongar lo más posible la salida.

Las botas son triples. Tienen un escarpín interior como suelen incluir la botas de ski y, también similar a ellas, una carcasa exterior “plástica” –en realidad son materiales modernos, muy livianos compuestos por varias capas-. La tercera capa es un “cubre bota” que la abarca por completo y llega hasta la rodilla, a modo de polaina. Es un armatoste tremendo pero muy liviano.

Termino de ajustarme los escarpines y ya no tengo alternativa. Debo salir. Lo hago, y mientras tanto pienso “¿Y vos querés llegar a 8848msnm? Dejate de joder y salí ya mismo!!!” Son los “mecanismos” que tengo para alentarme a seguir…

En el vestíbulo tengo las otras partes de las botas; las saco y me las calzo junto a la carpa. Manoteo la mochila y el casco. Doy la última mirada y cierro con un candadito, poniendo rumbo a la carpa comedor.

Todavía no llegó nadie. Hernán sigue un ritual similar en su tienda.

Aprovecho para ir al baño y de regreso paso por el depósito a buscar arnés, grampones, bastones y piqueta. Entro solo con el arnés y ya tengo compañía.

Para el desayuno hay “porridge” (avena con leche), tostadas y huevos.

Porridge para mí! En Neuquén todos los días –TODOS- desayuno con Nestum y meriendo con avena… Que no me vayan a faltar! Así que acá trato de no incursionar en variantes “norteamericanizadas” como el huevo, la panceta, etc. a menos que no quede otra.

Una alternativa que probé el otro día fue polenta con azúcar y leche… buenísima! Parecida a la “Vitina” que mamá nos hacía de chicos! Capaz que es lo mismo, pero con otro nombre… A veces llamar las cosas por sus denominaciones comerciales nos hace perder el concepto original… “Quaker”, “Vitina”, etc…

Paso al ritual de colocarme el arnés del cual cuelgan Jumar, mosquetones varios, placa de descenso, etc. Con el correr de los días me he convertido casi en un experto! Logro colocármelo en segundos, hasta llegar a la hebilla…

Dicen que es un mecanismo super seguro pero según Hernán parece diseñado desde la reposera en una playa del Caribe, con 28ºC de temperatura y toooooda la temporada de verano para ajustarla…

Podría completar esta página con una larga lista de los improperios que le he dedicado a Black Diamond, el Departamento de diseño, su jefe, su madre, su hermana, su abuela y por qué no también a su gato, porque estoy seguro que un tipo así tiene un gato, tan merecedor de mis puteadas como él.

¿Quedó claro que cuesta mucho ajustar esa hebilla? Bueno, imagínenselo con con los dedos helados –porque el desgraciado también se encargó de que no se pudiera ajustar con guantes… Claro! Para qué? Si en el Caribe no son necesarios!-.

Para no aburrirlos con los detalles, 3:20am estábamos en marcha. Un rato más tarde, otra vez en la Cascada de Hielo, primeras escaleras para atravesar las grietas, “Pop Corn”, “Soccer Field”, “Zona peligrosa”, grieta del accidente, etc., hasta Campo 1. Llegamos en 3:50hs. Muy buen tiempo, comparado con las 7hs de la primera vez. Se nota que estamos aclimatados. Seguimos.

Guillermo me manda adelante, supongo que para ver qué ritmo puedo sostener sin ir detrás de nadie. Me siento muy bien, aunque no me apuro, camino buscando el compás con la respiración. Así y todo, me voy alejando de él y Hernán –Pablo, como va filmando se adelanta o atrasa según las tomas que quiere hacer.

Otra ves la travesía “seca mente” a Campo 2. No tiene demasiada pendiente pero es eterna. Apenas se sale de Campo 1 ya se visualizan los puntitos de colores –las carpas- de C2, y eso es un problema porque uno avanza teniendo siempre a la vista el destino, que parece siempre a la misma distancia a pesar de estar dejando el alma en el andar.

Para colmo, el telón de fondo es la famoso pared del Lhotse, de puro hielo, a mitad de la cual están talladas las plataformas para las carpas de C3. O sea, si C2 se ve lejísimos, C3 aparece como un imposible. Entonces aplico la recomendación que Luco nos dio días atrás: poner toda la atención en los 3m2 delante de nuestros pies, nada más.

Entre 8:30 y 9:00 el sol pega de lleno sobre el glaciar, lo que sumado al esfuerzo provoca bastante calor. No quiero transpirar, así que paro, me quito la capera de windstopper –la de GoreTex sigue en la mochi- y aprovecha a hidratar con un tesito que traigo preparado en un termo. Como un pedazo de Mantecol como para ingerir calorías, guardo todo y sigo.

Un ratito más tarde comienzo a sentirme mal del estómago. Apenas una sensación. Disminuyo la marcha. Aparece un retortijón, avanzo muy lentamente. Me alcanzan Guillermo y Hernán. Trato de seguir su ritmo.

No logro vomitar ni ir de cuerpo como para aliviar la panza. Entre tanto, nos alcanzan Tomy y Luco, que habían salido de Campo Base un rato más tarde.

Al tener el estómago en tensión me resulta difícil introducir aire en cada inhalación, lo que agrava la situación porque tampoco puedo avanzar rápido para llegar cuanto antes y tirarme en la carpa, que es lo que más deseo en ese momento.

A paso de tortuga llego a las primeras rocas y carpas de C2 –todavía falta al menos media hora para nuestro lugar en ese campamento-. Ahí está esperándonos Guillermo –Hernán mi hizo el aguante todo el tiempo-, que se había adelantado dando cuenta una vez más de su nula capacidad para contener, alentar, motivar, etc.

Me obliga a parar, quitarme la mochila, los grampones, el arnés, e intentar vomitar. Hago todo lo posible, y nada. Avisado por radio, Fer Grajales baja y me ayuda a cargar mis bártulos para que yo pueda llegar más aliviado. No estoy bien pero puedo continuar.

Qué decir de este otro Fer? Poco, lo conocí en Katmandú, no sabía que se sumaría a la expedición. Es bajito, sus amigos le dicen “el demonio chiquitito” y tiene una mente rapidísima. Es divertido, agudo, impenetrable en sus pensamientos e intenciones. Conmigo tuvo varios gestos de excelente compañero, y soy testigo de que también con los demás del grupo. Gracias Fer G.!

Llegamos a nuestra carpa, al fin! Si me quedo ahí seguro me duermo y no hidrato así que me tiro en la carpa comedor. Hidrato a full, como algo, lo que puedo. Son las 11hs. el resto del día lo paso así, mejorando paulatinamente hasta la noche en que me siento mucho mejor.

 

20/05/2012. La previa.

Luego de cumplir con las rondas de aclimatación, que entre otras cosas significó estar dos veces por encima de los 7000msnm todo giró entorno a ver cuándo se produciría la “ventana de buen tiempo” para ir hacia la cumbre. La primera se abrió entre el 18/20 de Mayo y Guillermo prefirió dejarla pasar por la cantidad de gente que estaba esperando la misma señal, el primer “guiño” para lanzarse. Fue una decisión muy difícil de tomar. Por un lado, era más seguro esperar y subir cuando hubiera menos gente en las zonas críticas de la montaña. Y por otro, significaba asumir el riesgo de que la próxima ventana fuera demasiado tarde, sobre el fin de la temporada y no lo pudiéramos aprovechar. Además del factor psicológico de estar en el Campo Base y ver llegar a la gente que logró hacer cumbre… “Nosotros podríamos ser ellos!!!” “Ya podríamos haber conquistado la cima del mundo y sin embargo estamos aquí, tan solo esperando algo que tal vez no ocurra…” Estas y varias reflexiones similares nos invadieron. De todos modos Guillermo nos lo había advertido “No se desesperen si empiezan a circular noticias de la gente que ha hecho cumbre. Tengan paciencia.” Afortunadamente todo el grupo tiene suficiente experiencia en montaña como para saber que eso es así, de modo que no hubo cuestionamientos. Una noche, durante la cena, Guillermo anunció que el 25/5 sería nuestro día de cumbre, por lo tanto el cronograma quedaría así:

21/5 comenzaríamos el ascenso a Campo 2.

22/5 descanso en C2. 23/5 ascenso a C3.

24/5 ascenso a C4, descanso de unas pocas horas y aproximadamente 20hs de ese mismo día ataque a cumbre, para “coronar” a las 8hs del día siguiente.

Silencio total. Cruce de miradas. El aire de la carpa comedor se cortaba con un cuchillo. Llevábamos más de un mes y medio esperando este momento y cuando llegó cada uno de nosotros se enfrentó a su “hora de la verdad”. Ya no más subir para aclimatar sabiendo que era “hasta ahí” y volver, no más días de relax en Campo Base, no más e-mails con la familia, relatitos en Facebook, fotos lavando la ropa o entrando en la “ducha”… No más “previa”. Cuando caímos en la cuenta del comentario de Guillermo comenzamos a hacerle mil preguntas relacionadas con el equipo técnico, las dificultades precisas de cada etapa por encima de los 7115msnm ya que de ahí hacia arriba no conocíamos el terreno, los elementos personales mínimos, etc. Algunos de esos interrogantes tuvieron respuesta inmediata y otros quedaron pendientes para los días siguientes como por ejemplo, el aprendizaje del uso del equipo de oxígeno. Un día antes de arrancar comenzaron a circular rumores, luego noticias ciertas, acerca de la muerte de varias personas en su último tramo hacia la cima… Un alemán, una canadiense, un coreano… El número oscilaba entre 4 y 5. Ya en C2, un par de días después, nos confirmaron que las víctimas fueron 8. Nuestras familias sabían que estábamos aún en el Campo Base por lo que si la noticia trascendía no se iban a alarmar temiendo que pudiéramos hallarnos entre los infortunados. Sin embargo el sólo hecho de saber que habían muerto 8 personas en el sitio al que aspirábamos llegar pronto, sin dudas los preocuparía. Nos debatíamos, entonces, entre anticiparnos a los medios de comunicación masivos para que estén prevenidos, o arriesgarnos y esperar ya que tal vez no trascendiera. Por las dudas, Fer Grajales me pidió que redactara un breve informe sobre la situación para tener listo en caso que la noticia se dispare. La idea era subirlo a nuestros sitios web, Facebook, Twitter, etc. a modo de “apaga incendio”. Lo transcribo a continuación para que conozcan nuestra hipótesis acerca de lo sucedido:
Querida familia y amigos: Es posible que los medios de comunicación comiencen a difundir noticias relacionadas con el fallecimiento de algunas personas que ayer intentaron la cumbre del Everest. Esos hechos lamentables ocurrieron por causas totalmente evitables. No fue una tormenta, ni una avalancha, ni otro fenómeno natural. Se debió a una serie de errores, imprevisiones y decisiones desacertadas que en nuestro caso no van a suceder y queremos contarles por qué.
• Vamos con un guía profesional que tiene 10 cumbres en Everest, además de decenas de otras cimas en las principales montañas del  mundo, algunas de las cuales le valieron premios y menciones por su mérito y valor. El co-lider cuenta con un currículum de similar dimensión.

• Va un sherpa profesional por cada escalador.

• En el Collado Sur, mientras nosotros vamos a la cumbre, queda un sherpa con radio, oxígeno, agua, comida, botiquín, etc., preparado para acudir ante cualquier situación que lo requiera.

• Se han definido expresamente las horas tope de cada etapa, de manera que llegado el horario previsto se desciende aunque no se haya alcanzado el objetivo.

• Los guías han sido claros y tajantes “Si vemos a alguien que no está en condiciones de seguir subiendo, baja junto a su sherpa de inmediato, sin dudas”.

• El equipo de sherpas fue seleccionado cuidadosamente sobre la base de sus antecedentes. Todos tienen cumbres de más de 8000 metros en su haber y han formado parte de los grupos encargados de fijar las medidas de seguridad en esta temporada y en anteriores. Tendi, por ejemplo, tiene 10 cumbres en Everest, además de muchas otras hazañas, y así cada uno de los que ascienden con nosotros.

• En nuestro grupo, todos los que subimos tenemos experiencia en montaña. Luciano y Tomás son guías profesionales en Aconcagua, Fernando Grajales ha escalado por todo el mundo y su rol aquí es nada menos que el de asistente de guía, Pablo tiene 6 cumbres en Aconcagua, además del Tupungato y varias cimas más. Hernán y yo no somos profesionales, sin embargo hace años que nos dedicamos al montañismo, los suficientes como mínimo para saber cuándo bajar u obedecer al guía si nos da esa orden.

• Además de los equipos de radio, llevamos 3 teléfonos satelitales.
Aún es prematuro sacar conclusiones acerca de las causas exactas de los fallecimientos que ocurrieron ayer. Sin embargo, de la información que vamos obteniendo aquí, muy cerca de los acontecimientos, surge que ninguno de los puntos mencionados recién fueron cumplidos por las víctimas.
La mayor parte de estos “accidentes” evitables ocurren porque se trata de personas que deciden subir sin guía, o en grupos donde la relación sherpa-escalador es de 1 a 4, no cuentan con equipos de apoyo, los guías –en caso de existir- y los sherpas son de escasa experiencia, no respetan los horarios seguros de ascenso y descenso, se obstinan en continuar a pesar de que las condiciones sean adversas, no aceptan que su estado físico no está a la altura de las circunstancias, no llevan equipo de comunicaciones o no prevén las baterías necesarias para tantas horas, o se trata de personas que nunca hicieron montaña y un buen día dicen “¿Qué me falta hacer en la vida? Ah, subir Everest!” como un hecho social. En general, todos esos factores están asociados a cuestiones económicas y a decisiones que debieron tomarse mucho antes de comenzar la expedición. Nuestra expedición llevó más de un año de preparación específica, bajo el mando de personas expertas, lo que nos da la tranquilidad de que todo lo previsible fue contemplado.
Besos a todos y gracias por acompañarnos!!!
En medio de este clima, nosotros preparando la mochila porque 2:00 am de mañana 21/05 nos levantaremos para escribir nuestra propia historia.

CUMBRE EN EL EVEREST – 25 DE MAYO

Disfruten todos este video filmado en la cumbre y los saludos de Willie desde la carpa en C4 donde están todos reponiendo fuerzas.

Cumbre Argentina en el 25 de mayo: a las 8:15 de la mañana del 25 de Mayo, horario de Nepal (23.25 del 24 de Mayo hora Argentina) la Expedición Argentina hizo cumbre en el Everest integrada por: Willie Benegas, Hernan Carracedo, Fer Grajales, Pablo Betancourt, Phurba Gyaljen Sherpa and Funuru Sherpa.

Fernando Rodríguez de Hoz regresó al campamento 4 (C4) muy pocos metros antes de la cumbre por precaución debido a un congelamiento momentáneo de la retina.

Todos están ya de vuelta en el C4 descansando y esperando la mañana del 26 de mayo para seguir bajando y regresar al campo base.

 

09/05/2012. Descanso solo en Campo 2 y espero buenas noticias

“Hoy es un día clave.
A las 4 am Hernán y Tendi salieron hacia Campo 3, en un nuevo intento por alcanzar la cota de los 7100 msnm …”

Lee todo el relato y disfrutá las fotos de Fer y Hernán aquí:

http://www.everest2012.com.ar/blog/nuestra-expedicion/09052012-descanso-solo-en-campo-2-y-espero-buenas-noticias/

Hernán de regreso feliz en C2

07/05/2012. Rest day en Campo 2! (Día de descanso o… huevo total)

“Gracias a Dios, a Willie, al cronograma y a todos los santos hoy, después del palizón de ayer, nos toca descanso. O sea, la nada misma …”

Lee todo el relato y disfrutá las fotos de Fer y Hernán aquí:

http://www.everest2012.com.ar/blog/nuestra-expedicion/07052012-rest-day-en-campo-2-dia-de-descanso-o-huevo-total/

C2 y al fondo Lhotse y C3 hacer zoom